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La Orquesta Filarmónica de Montevideo celebra los 70 años de Israel y el centenario de Bernstein

La Orquesta Filarmónica de Montevideo celebra los 70 años de Israel y el centenario de Bernstein

 

 

 Itongadol/AJN.- Dirigidos por la directora Ligia Amadio y con la participación del Coro Nacional del SODRE dirigido por Esteban Louise, este sábado 28 de abril desde las 20 horas en el Teatro Solís la Filarmónica presentará su programa especial.

El programa de la orquesta contará con Paul Ben Haim, Fanfarria a Israel; Sergei Prokofiev, Obertura sobre temas hebreos Op. 34; Aviya Kopelman, Concierto para Flauta y orquesta; Solista – Noam Buchman; George Gershwin, Un Americano en París; Leonardo Bernstein (en homenaje por los 100 años de su nacimiento), Chichester Psalms.

Por su parte, Ligia Amadio es una de las más destacadas directoras sudamericanas de la actualidad y su actuación internacional se extiende por América, Europa y Asia.

También estará presente Noam Buchman, el flautista más aclamado de Israel y Primera Flauta de la Orquesta Sinfónica de Jerusalem. Como solista, realizó numerosos conciertos y grabaciones en su país y en los principales escenarios de Europa, Estados Unidos y Sudamérica.

Leonard Berstein (Lawrence, Massachusetts, 1918 – New York, 1990) compuso los Salmos de Chichester a pedido del Reverendo Walter Hussey, quien le solicitó una obra para un festival a realizarse en la Iglesia de Chichester (Sussex, Inglaterra) en 1965. Hussey había solicitado contribuciones a artistas como Marc Chagall, Graham Sutherland, Henry Moore.
Berstein decidió no basarse en un único salmo (Hussey había sugerido el Salmo 2) sino en una suite de salmos. Opta por una textura donde las voces adultas se yuxtaponen con voces infantiles, todas masculinas, más la tímbrica orquestal y el protagonismo del arpa y la percusión. La obra es metafórica en más de un sentido: un pedido de paz en la agitada década de 1960; una representación de la pureza en la voz solista infantil (que puede ser interpretada por un contratenor); una atención al número siete – cifra simbólica en la tradición judía – y elementos del jazz en el trabajo rítmico. Las líneas melódicas sintetizan las tradiciones de las iglesias de Occidente con el canto judío sinagogal – este último, por otra parte, presente en las raíces de las primeras, con lo que el compositor agrega otro plano simbólico. La obra se centra en un lenguaje tonal y se destaca por la complejidad rítmica y las dificultades vocales: una síntesis de tradiciones culturales y musicales en un compositor de origen judío que atiende a la modernidad y a la fusión de lenguajes

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