Menu

Tordesillas: el primer reparto del mundo

Tordesillas: el primer reparto del mundo

l Tratado de Tordesillas firmado el 7 de junio de 1494 por los reyes de Portugal y Castilla fue lo más parecido a un acuerdo para dividir el mundo. La ironía fue que dividían un mundo desconocido y aún por descubrir.

¿El reparto del mundo? El tema es recurrente, pero la imagen abusiva. Es cierto, en la Conferencia de Yalta (1945) o en el Congreso de Viena (1815) se fijaron los límites de las zonas de influencia de las grandes potencias, legitimando los “protectorados”, los golpes de fuerza, las intervenciones militares a expensas de Estados en principio soberanos. Sin embargo, los acuerdos más parecidos a un reparto del mundo son los tratados de Tordesillas (pequeña localidad de Castilla la Vieja, entre Valladolid y Salamanca) firmados el 7 de junio de 1494 entre los reinos de Portugal y de Castilla. Estos tratados se basan en una paradoja: se trataba de repartir lo inexplorado, un mundo aún no descubierto. En Tordesillas, Portugal y Castilla no trazan una frontera siguiendo el cauce de un río o la cresta de una cordillera, sino que proponen una línea imaginaria trazada en lo desconocido, sin saber si atraviesa tierra o mar. Es evidente que no podía tratarse de América, porque no se sospechaba, después del primer viaje de Cristóbal Colón, que existía un nuevo continente. Se trataba del reparto del mundo.

¿Cómo se puede explicar el monopolio de Portugal y de Castilla en este reparto de 1494, la ausencia de otras potencias en la mesa de negociaciones? Algunas nociones de geopolítica y un examen de la situación permiten dar una respuesta.

Inglaterra estaba sumida en la terrible guerra civil de las Dos Rosas, que empezó en 1455 y no terminó hasta 1485, acabando con la vida de la mayoría de la nobleza británica. Los armadores de Bristol muestran interés en varias expediciones del descubrimiento: pero a causa de sus medios limitados se quedan en el Atlántico Norte.

Francia, después de curar las heridas de la guerra de los Cien Años (1337-1453), se agota en una lucha despiadada contra el Gran Ducado de Borgoña. La caída y muerte de Carlos el Temerario (1477) no ponen término al conflicto: la boda de María de Borgoña, hija del Temerario, con Maximiliano de Habsburgo desencadena un inquietante proceso dinástico que termina en la constitución del imperio de Carlos V. Además, a pesar del dinamismo de los normandos –sobre todo de los de Dieppe– Francia no está preparada para lanzarse a la gran empresa del descubrimiento.

En cuanto al reino de Aragón, dedica todas sus fuerzas a la expansión mediterránea: después de Sicilia y Cerdeña apunta hacia el Rosellón y Nápoles. Finalmente Venecia, gran potencia económica y naval, sólo se preocupa por la conquista turca que avanza hacia la Europa balcánica. En este contexto, Portugal y Castilla tienen las manos libres: al final del siglo XV son sin duda las dos potencias dominantes en el mundo atlántico. Pero Tordesillas no es el principio. Los dos Estados definen más bien un modus vivendi teniendo en cuenta el balance de los descubrimientos y las ambiciones de cada uno. Es una etapa –importante– en el proceso de las conquistas de ultramar, iniciada varios decenios atrás.

Portugal tenía en este terreno una ventaja indiscutible. No se había conformado con la construcción de barcos rápidos, manejables, ligeros, y bien adaptados a la empresa. Había reunido a los cartógrafos más prestigiosos procedentes sobre todo de Genova y Mallorca, a cosmógrafos, astrólogos y matemáticos. Los portugueses examinaron progresivamente la costa occidental de África y crearon establecimientos y comercios que les permitieron adquirir directamente (por lo tanto con menos gastos) productos muy buscados: la malagueta (pimienta de África), el marfil, el oro, los esclavos. El comercio de Arguin, establecido entre 1400 y 1455 y la fortaleza de San Jorge de Mina constituían importantes enlaces portugueses en el África Negra.(...)

 

Se pueden considerar estos tratados como un prólogo al “reparto del mundo” realizado en Tordesillas quince años más tarde. El capítulo 8 de los tratados de Alcobaça reconocía a los portugueses la posesión de “todos los comercios, tierras y rescates de Guinea con sus respectivas minas de oro, y todas las otras islas, costas, tierras descubiertas y por descubrir, halladas y por hallar: islas de Madeira, Puerto Santo, Desierta, y todas las islas de las Azores y la isla de Flores, así como las islas de Cabo Verde y todas las islas que han descubierto hasta ahora, y todas las que descubran y puedan descubrir desde las islas Canarias hacia el sur frente a Guinea, de forma que todo lo que ha sido hallado o quede por conquistar o descubrir en estos parajes más allá de lo que ha sido ya hallado, descubierto y ocupado, pertenezca al Rey y al Príncipe de Portugal con la única excepción de las islas Canarias conquistadas o aún no conquistadas, que pertenecen a los reinos de Castilla.(...)

Rev Pol Exterior

Enviar comentario sobre la nota al Director...

Su Nombre: *


Su Email: *


Asunto: *


Sus Comentarios:


volver arriba