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La eliminación del trabajo y el cambio de paradigmas

La eliminación del trabajo y el cambio de paradigmas

 

 

 

                                                                                  Cr. Isaac Markus

 

 

            Se hace cada vez más evidente que el avance de la automatización provocará la pérdida de un alto porcentaje de los puestos de trabajo actuales. El trabajo se constituirá en un recurso cada vez más escaso, dado que cada nuevo descubrimiento potenciará una nueva reducción de la fuerza laboral. Ya en 1930 el economista británico John Maynard Keynes nos prevenía con relación al desempleo: “Si se resuelve el problema económico (la lu­cha por la subsistencia), la humanidad se verá privada de sus objetivos tradicionales... Así, por vez primera desde su creación, el hombre se enfrentará a su problema real y permanente: cómo utilizar su nueva independencia respecto de las preocupaciones económicas... No hay país ni pueblo, en mi opinión que pueda mirar sin temor a la era del ocio y la abundancia... Es un terrible problema para la persona ordinaria, que carece de habilidades especiales con que ocupar su tiempo, especialmente si ha perdido. sus raíces en la tierra, en las costumbres o en las entrañables convenciones de una sociedad tradicional”.

 

            Más recientemente, W. Harman Willis (1919-1997), un científico de la Universidad de Stanford, alertaba sobre los problemas que generaría el desempleo derivado del avance de la tecnología. Pero Willis creía en la posibilidad de solucionar este problema con un cambio de paradigmas. En una entrevista que concedió en 1995, Willis decía que “Toda sociedad tiene algún tipo de mito organizador; las sociedades tradicionales tenían uno, la sociedad medieval tenía otro, actualmente también tenemos uno. Nuestro mito moderno es que la economía es la institución en torno a la cual gira todo lo demás, y que la lógica y los valores económicos deben guiar nuestras decisiones. Sin embargo, opina que hay razones profundas para cuestionarlo. La dominación de la economía se basa en supuestos como los siguientes: cualquier organización debe crecer o morir, la economía en su conjunto debe crecer de forma exponencial, la productividad del trabajo debe seguir aumentando, los propietarios tienen derecho a recibir el máximo rendimiento de sus inversiones, la competencia desenfrenada es buena cosa, con pocas excepciones. Si alguien dejara de lado esos mitos y se pusiera a mirar los objetivos hacia los que cualquier sociedad humana parece apuntar se encontraría con estos otros: queremos un ambiente sano en el que criar a nuestros hijos, una buena relación con la naturaleza, sentirnos seguros, y tener ciertos valores como la democracia, la libertad, el estado de derecho, la equidad y la justicia, y así sucesivamente. Opina que no son demasiado compatibles las suposiciones subyacentes a nuestro sistema económico con las metas que los seres humanos tienen acerca de cómo vivir sus vidas.

 

 

            Willis sostiene que es necesario adoptar una nueva actitud mental, en la que la eliminación generalizada del trabajo hu­mano y su sustitución por máquinas debería servir de estímulo para reconsiderar los su­puestos básicos de las sociedades. Esta nueva actitud mental puede formularse de esta forma: en una sociedad tecnoló­gicamente avanzada en la que la producción de suficientes bienes y servicios puede gestionar­se con facilidad, el empleo debería tener como razón principal el desarrollo propio, y su relación con la producción de bienes y servicios sería sólo se­cundaria. ¿En qué debería centrarse? En el aprendizaje en el sentido más amplio posible. Se trataría de una sociedad en la que el aprendizaje, la autorrealización y la dignidad humana son los objetivos primarios y en la que todas sus ins­tituciones estarían orientadas a este fin.

 

            En apoyo de esta postura, reproduce la opinión de Robert Hutchins, que en su libro The Learning Society,  afirmaba: “Esto es lo que hacían los atenienses... Hicieron de su so­ciedad un medio de estimular a todos sus miembros para desarrollar hasta el límite sus mejores capacidades y cualidades... La educación no era una actividad aislada, llevada a cabo a ciertas horas y en ciertos sitios o a una edad determinada. Era el objetivo de la socie­dad... Al ateniense se le educaba por la cultura misma”. En una sociedad de este tipo, la ética de consumo a ultranza se susti­tuiría por una ética ecológica y de autorrealiza­ción. La educación en su sentido más amplio con­tribuiría a la realización humana, generando actividades que pueden absorber un gran número de personas que no sean necesarias para otros ti­pos de trabajo. Son ilimitadas las oportunidades que se ofrecen cuando se libera la mente separando las funciones de trabajo crea­tivo y de distribución de la renta.

 

 

 

 

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