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Lo jurídico y lo político

Lo jurídico y lo político

 Por Dr. David Malowany.

 Uno de mis mayores orgullos fue que en el año  2015, mi hijo Ariel no haya sido expulsado del plan Shnat Hajshará como si me ocurrió a mí treinta años antes.

 Culminaba el Yom Kipur del año 5746, yo ayunaba y uno de los líderes del Kibbutz Kfar Jaruv, en el Ramat Hagolán de nombre Meni,  me recordó que me había ofrecido en el arreglo del salón para la fiesta del rompimiento del ayuno.

 Yo expliqué que no me sentía bien y que menos iba a trabajar en el mismísimo día de recogimiento.

 “ Meni” dijo:- “o trabajas o te vas”-. Y así me fui.

 Tiré un par de semanas en casa de mis ancianos parientes cuando un viernes, me preguntaron en Tel Aviv hasta cuando me quedaría. Dije muerto de vergüenza que ya me iba y empecé a  andar desesperado buscando trabajo y alojamiento antes del comienzo del Shabat.

 Con mi amigo Daniel Sapiro, con el que me reencontré en mi vagancia,  terminé durmiendo en un coqueto apartamento de Tel Aviv en compañía de empleados palestinos de  “Señor Sándwich”.  La vivienda había sido alquilada por los dueños de esta compañía de comidas rápidas para dar alojamiento a sus empleados árabes de Judea y Samaria. Hoy contar esto parece una película de ciencia ficción, de la misma manera que decir que quinientas personas podían convivir repartiendo las ganancias en un Kibbutz.

 Uno de los autodefinidos “palestinos” se llamaba Jaque mat y tenía la misma edad que nosotros. 18 años recién cumplidos.  Nos contaron del maltrato de los soldados israelíes. De lo que le implicaba salir de su aldea para venir al trabajo, de los check point.

 Yo volví a mi país. Inicié la carrera de Derecho y tres años después estalló la primera intifada y seguramente ya nada fue como antes para Jaquemat y su familia.  

 Los empleados árabes  de  Judea y Samaria que eran la mano de obra de la economía israelí de 1985 fue sustituída por asiáticos hasta que en 1993 se produjeron los acuerdos de Oslo, que sellaron definitivamente la imposibilidad de que los árabes de  Judea y Samaria  se re-integren a la economía israelí.

Hace minutos publiqué un apasionante debate entre Jaim Herzog y el historiador Arnold J. Toynbee  acontecido en Montreal en 1961. En este el Embajador Judío se preguntaba:

...desde  1940 unas cuarenta millones de personas han sido desarraigadas en el mundo. En Corea, Vietnam, Alemania, Finlandia y en ninguno de los casos la solución se encontró por medio de la repatriación, sino por la absorción. No se hará ningún avance en la solución del problema de los refugiados árabes que tuvieron que abandonar Palestina, dijo el Embajador Judío, sin la buena voluntad de los gobiernos árabes. He notado profesor, le dijo Herzog refiriéndose al historiador, que  Ud. no le ha hecho críticas a los gobiernos árabes. ¿Como permitieron que los refugiados árabes palestinos tuviesen una existencia parasitaria? ¿Por qué no los instalaron en granjas, aldeas y hogares. ¿Acaso los conservaron como arma política? ¿Ha visto alguna vez un caso o precedente de cientos de miles de personas retenidas como rehenes políticos, en campos, viviendo una existencia parasitaria, sin futuro. Todo con el fin de que estén prontos para ser un peón político. ¿Es esa una actitud moral? En 1948 fue desencadenada una guerra de agresión que creó dos problemas de refugiados: uno implica 550.000 árabes.  El otro afectó a unos 400.000 judíos  de los países árabes. Los únicos refugiados árabes que han sido definitivamente tachados de la lista de la UNRWA han sido los que absorbimos en nuestra economía. El otro problema no ha sido resuelto, no porque no haya dinero o posibilidades, sino porque el problema humanitario ha sido desfigurado con propósitos de odio y venganza.

¡Y por esto que se sacrifica el futuro y la vida de esta gente!  Todos los organismos internacionales han reconocido este hecho, cada informe ha recomendado alguna orientación hacia la integración económica, ampliándose las posibilidades de mejoramiento material.

     La República Oriental del Uruguay, bajo un gobierno de izquierda en sus políticas hacia el Medio Oriente, pero no en lo económico,  ha falseado la historia afirmando que el moderno Estado de Israel es una potencia ocupante de un territorio, lo cual es falso y fácilmente demostrable con solo recurrir a Wikipedia.  ¿Pero a quien le importa el pensamiento de un  Poder Ejecutivo que  ha dicho con otro lider, que lo jurídico es secundario?  ¡Que el  Ministerio de Economía y Finanzas,  le pague a los funcionarios judiciales lo que les debe por sentencia ejecutoriada y después hablamos de derecho!  

Lo que si es el moderno Estado de Israel es una potencia opresora, no ocupante. A lo que debe poner fin el país que se autodefine como judío es a la opresión de seis millones de personas y para ello hay muchas vías distintas de crear un nuevo estado en las naciones, en los territorios de Judea y Samaria.  

La que  surgiere el mundo es que no sean los judíos quienes opriman a los árabes de Judea y Samaria sino que mejor una clase dirigente que difícilmente gane unas elecciones limpias y que ejerce una limitada autoridad bajo la tutela de la bota israelí sea quien oprima a sus correligionarios. De todas maneras el mundo árabe siempre funcionó asi, por lo menos hasta la mal llamada “ Primavera àrabe”.

         Pienso que la lucha de los árabes de Eretz Israel – Palestina se debería parecer más a la que entabló Martin Luther King Jr., por  los  derechos civiles de los afrodescendientes que a la que entablaron las burguesías comerciantes por liberarse de los imperios español y británico en  la América de los Siglos XVIII y XIX. 

       Vuelvo a mi anécdota del comienzo, la pregunta no es ¿quien va a oprimir a los árabes de  Judea y Samaria sino de que van a trabajar?  Parece una broma de mal gusto que un gigantesco campo de refugiados devenga en un país en lo que se parece más a una zona de residencia al estilo zarista que a una emancipación.  ¿O los árabes de Eretz Israel – Palestina  pretenden batir el record mundial de los refugiados más viejos del mundo?  Por supuesto que para que esto sea posible, Israel  debería cambiar su nombre y transformarse en un estado laico lo que hoy constituiría una misión imposible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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