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Italia y el Holocausto

Italia y el Holocausto
 

 

 

 

David Malowany Diario Judío México – Nos relata Paul JOHNSON que muchos años antes de la crisis de Abisinia, Mussolini, consideraba a Hitler un vagabundo vulgar y un pistolero peligroso.

El Duce debía mucho a los judíos y especialmente a una de sus mentores de su etapa socialista, Angélica Balabanov. También eran semitas, Enrico Rocca, fundador del fascismo romano y Gino Arias, teórico del corporativismo. Este último emigró a la Argentina, cuando las leyes raciales, falleciendo en 1940.

La invasión italiana a Etiopía y la consecuente expulsión de los invasores de la Liga de las Naciones en 1937, acercó al Dictador a Hitler.

Vivían en Italia unos cincuenta mil judíos cuyos orígenes se remontan al Imperio Romano. En noviembre de 1938, la legislación fascista excluyó a los judíos de las Fuerzas Armadas, la función pública, el Partido y cualquier empresa que empleara a más de cien italianos. No podían disponer de bienes inmuebles por valor superior a veinte mil liras y los inmuebles agrícolas no podían superar las cinco mil liras. Se prohibió el matrimonio entre judíos e italianos, contratar servicio doméstico no judío, adoptar hijos cristianos. La Ley anulaba la obtención de la ciudadanía a extranjeros nacionalizados con posterioridad a 1919, los cuales a su vez debían abandonar Italia. Sin embargo los veteranos de guerra, los antiguos fascistas y sus familiares no estaban afectados por las restricciones.

Explica Hannah ARENDT que con esta excepción la gran mayoría de los judíos italianos quedó exenta. Difícilmente podía haber una familia judía italiana que no tuviera por lo menos un miembro de ella en el Partido Fascista, ya que las medidas legislativas fueron promulgadas en un tiempo en que los judíos, al igual que los demás italianos, habían estado ingresando masivamente en el partido, debido a que los cargos públicos únicamente podían ser ocupados por quienes pertenecían a él. Los judíos socialistas y comunistas ya habían abandonado el país.

Las medidas italianas fueron en apariencia tan duras como cualquiera de las redactadas por manos alemanas, pero el gobierno italiano no desarrolló sus decretos, y frecuentemente ni siquiera se molestó en cumplirlos. Los judíos italianos no eran sus víctimas ideales. La relación entre los judíos y los italianos había avanzado a tal punto que dificultaba las persecuciones tanto psicológica como administrativamente. Estos se habían integrado con rapidez y totalidad en la vida italiana.

El propio Mussolini tenía una amante judía, Margherita Grassini de Sarfatti, que militó con él en su etapa socialista. Recaló en Montevideo en 1939, luego de promulgadas las leyes a las que hacíamos referencia. Sarfatti, crítica de arte, estuvo entre los fundadores del Partido. Fue la biógrafa oficial del dictador hasta que cayó en desgracia, a pesar de que se proclamaba católica.

El 25 de julio de 1943, el Duce fue derrocado, el Partido Fascista disuelto, siendo nombrado hombre fuerte de Italia el Mariscal Badoglio quien se rindió a los aliados, por lo que los alemanes ocuparon el norte de Italia. A medida que avanzaban por la provincia de Novarl, las SS alemanas mataron a judíos de varias localidades, requisaron propiedades y depósitos bancarios. En el Lago Maggiore, la corriente arrastró cadáveres de judíos con piedras atadas a las piernas.

En septiembre de 1943 la burocracia alemana llegó al país. Roma con su comunidad de 11.280 miembros fue el primer objetivo. El Rabino en Jefe, Israel Zolli, quién después de la guerra se convirtió al Cristianismo, instó a la comunidad a que cerrase la sinagoga, destruyera el registro de miembros e hiciera lo posible por dispersar a la comunidad en monasterios y conventos, pero ello no aconteció y esa afirmación del ex Rabino fue desmentida por otros dirigentes comunitarios.

A su llegada, el plenipotenciario general alemán Ostubaf Kappler le pidió a la comunidad cincuenta kilos de oro o se haría de doscientos rehenes. El dirigente comunitario Renzo Levi, le pidió ayuda al Papa quien prometió 15 kilos, que no fueron necesarios por cuanto los italianos de a pie lograron juntar 80 kilos. Del 15 al 16 de octubre de 1944 los alemanes obtuvieron mil judíos que fueron enviados a Auschwitz. La gran mayoría de los judíos romanos lograron, con ayuda del Vaticano, esconderse, sin embargo el Papa guardó silencio en público. En Florencia el prefecto fascista había advertido a los judíos que se oculten.

La RSHA alemana informó que las redadas no tuvieron éxito por culpa de la ineficiencia italiana que generó retrasos y ocultamientos. En la primavera de 1944, cuando el Ejército Rojo había ocupado ya Rumania y los aliados se disponían a entrar en Roma, los alemanes transportaron a Auschwitz más de siete mil quinientos judíos italianos de los que tan solo sobrevivieron unos seiscientos. A pesar de la tristeza que provoca sus muertes, ellos no representaban ni siquiera el veinte por ciento de los judíos italianos.

Bibliografía: Arendt Hanna, Eichmann en Jerusalén.
Hilberg Raul, La Destrucción de los Judíos Europeos.
Johnson Paul, Tiempos Modernos.
La Amante Judía estuvo en Montevideo, Isidoro Gilbert, Diario La República de Montevideo.

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