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Ante un nuevo 9 de febrero por Leonardo Haberkorn.

Ante un nuevo 9 de febrero por Leonardo Haberkorn.

Ecos. 

Cuando el golpe militar de febrero de 1973, que dio inicio a 12 años de dictadura, el sistema político aplaudió o miró con indiferencia.

Columna de Leonardo Haberkorn

El 27 de agosto de 1828, en Rio de Janeiro, brasileños, porteños e ingleses decidieron la independencia del Uruguay. La fecha no se festeja porque resulta evidente que otros decidieron lo que hoy somos y no hay mucho glamour patrio en eso. Entonces festejamos como fecha de la independencia el 25 de agosto de 1825 cuando los patriotas decidieron que no fuéramos independientes sino parte de las Provincias Unidas. 


Después queremos que los liceales entiendan nuestra historia.

Con el golpe de Estado pasa algo parecido. La fecha que se recuerda es el 27 de junio de 1973, cuando -ante la inminente clausura del Parlamento- los políticos se despidieron con encendidos discursos contra los militares.

Pero el golpe, o su inicio, ya había ocurrido meses antes, en febrero, y no hubo casi nadie en el Uruguay que le hiciera frente. Dos excepciones notables fueron el senador colorado Amílcar Vasconcellos y el comandante de la Armada, Juan José Zorrilla. Sin embargo, en todo el país muchos apoyaron el golpe militar de febrero o lo miraron con indiferencia. Muy pocos advirtieron lo negra que sería la noche que se venía. 

Días atrás fui invitado al programa Francamente, que el periodista Ruben Sánchez conduce en radio Fénix. También estaban allí el periodista Álvaro Alfonso, el coronel Luis Agosto y el expresidente Julio María Sanguinetti. El tema eran las causas del golpe de Estado.

Se habló de febrero de 1973. Entonces el presidente Juan María Bordaberry designó como ministro de Defensa al general Antonio Francese, un militar constitucionalista, y el Ejército y la Fuerza Aérea se sublevaron.

Bordaberry llamó a la ciudadanía a defender las instituciones. “Fue el único momento en el que él apoyó claramente la democracia y la Constitución”, me dijo hace unos días el ministro de Economía de la dictadura, Alejandro Vegh Villegas.

 Los partidos y sus principales dirigentes abandonaron a Bordaberry y a la democracia. 


Pero nadie lo respaldó. Apenas un puñado de personas se reunió en dos pequeñas manifestaciones, una frente a casa de gobierno en Plaza Independencia y otra frente a la residencia de Suárez.

Los partidos y sus principales dirigentes abandonaron a Bordaberry y a la democracia. 

Aprovechando que Sanguinetti estaba allí -y recordando dos hallazgos con los que me topé en mi investigación para escribir el libro "Gavazzo. Sin Piedad"- le pregunté por qué ningún partido se paró ante el golpe de Estado.

Respondió:

-Había un proceso de enfrentamiento político fuerte. ¿Quién sustentaba al gobierno? El Partido Colorado, nada más. El Partido Nacional, con un Wilson muy fuerte, estaba en el odio total al pachequismo y a Bordaberry. Podía más, podía mucho más, el rechazo a la situación política que el amor a la institución.

-Eso es terrible.

-Eso lo vemos clarísimo. Todos los editoriales del diario comunista, todos los artículos de prensa, los discurso de los diputados comunistas, el artículo de Vivián Trías, considerado uno de los ideólogos más brillantes de socialismo, claramente a favor de la intervención militar en el panorama político. Era el sueño de un gobierno nacional y popular al estilo peruanista. El sector sindical, hasta hoy el más movilizado de la sociedad, el que tiene los camiones, el que tiene la capacidad de respuesta y de llenar las plazas, estaba desmovilizado porque estaba a favor del golpe. ¡Estaba a favor! Iba a caer Bordaberry, iba a caer el pachecato, iba a caer todo eso e iba a venir un gobierno nacional y popular. Eso está escrito. No debería ser materia de debate. Los historiadores más frentistas, más complacientes con eso, no lo niegan, porque es imposible. Pero dicen, bueno, en aquel momento de confusiones, la izquierda se confundió... El único que no se confundió fue (Carlos) Quijano, que dijo: esto termina mal, miren a la Argentina. Recuerdo un artículo de mi querido amigo (Zelmar) Michelini, en esa misma línea equivocada, y una nota al pie de Quijano, que decía: publicamos esto aun no compartiéndolo para nada. Entonces, usted tenía el sector movilizable desmovilizado porque estaba al favor del golpe. El Frente Amplio, 80% a favor del golpe, porque creía que iba a estar el Goyo Álvarez. Hoy parece chiste, pero el Goyo Álvarez era la gran esperanza progresista. Esto tampoco lo puede negar nadie. Hasta está sugerido en algún texto de historiadores frentistas. Es incuestionable. Y luego tenía al Partido Nacional en una línea de “busquemos otra solución”. Y está la propuesta conocida a (el vicepresidente Jorge) Sapelli (para que asumiera el poder).

-¿Y los colorados?-le pregunté a Sanguinetti, haciéndole notar que tampoco el Partido Colorado se manifestó en contra del golpe.

-Y los colorados éramos los únicos que estábamos.

 La mayoría estaba más bien a favor de que eso era muy bueno o en todo caso, iba a derrumbar al pachequismo e iba a ambientar alguna cosa nueva 


-Pero no fue nadie a Plaza Independencia.

-Lo que pasa es que hay que entender que Bordaberry no era un líder político. La gente se mueve atrás de un líder y el líder era Pacheco que no estaba en escena. Nosotros, la lista 15, el sector batllista, éramos minoría. Habíamos perdido. Bordaberry no nos despertaba un particular cariño. No había una movilización callejera. Y vuelvo a decir, si uno suma, la mayoría estaba más bien a favor de que eso era muy bueno o en todo caso, iba a derrumbar al pachequismo e iba a ambientar alguna cosa nueva. Era así. Por eso se hicieron tantas especulaciones en torno a armar una nueva situación política en torno a Sapelli. Y él siempre respondió que mientras estuviera el presidente él le era leal. Eso fue lo que pasó. Es tan simple, pero tan triste como eso. Tan triste como eso. 

Es evidente que Sanguinetti remarca los -graves- errores políticos de sus adversarios y minimiza los de su partido. Pero lo cierto es que nadie apoyó a la democracia en aquel momento.

En la investigación para escribir el libro "Gavazzo. Sin Piedad" encontré dos cosas que hablan de aquel febrero de 1973.

El primero es una fotografía poco conocida, a pesar de que ya había sido publicada antes. Es una foto de una de las ralas manifestaciones en contra del golpe de febrero. 

Hay un grupo disperso de señoras, unas pocas mujeres, con carteles que dicen “Bordaberry triunfará”. En medio de ellas, cumpliendo funciones, un oficial de inteligencia del Ejército, desconocido entonces: José Nino Gavazzo.

El otro hallazgo es original. En el legajo de Gavazzo consta que en 1975 él fue uno de los tres oficiales que el Ejército designó para entrevistarse con una delegación del Colegio de Guerra de Estados Unidos que visitó Uruguay. En el legajo, hay una carta de agradecimiento firmada por el entonces agregado militar de la embajada estadounidense, el coronel Raul A. Garibay.

Busqué a Garibay para ver si tenía un testimonio que brindar en relación a Gavazzo. Lo localicé en una ciudad del estado de Texas. Disqué su número de teléfono y me atendió él. Se sorprendió de que alguien lo llamara desde Uruguay después de tanto tiempo. Dijo no recordar a Gavazzo. Pero tenía muchos recuerdos de Uruguay.

“Me acuerdo del día del golpe de estado. Era un día de verano, hacía mucho calor. No había nadie en la ciudad, estaban todos en la playa. Yo no podía encontrar a un solo dirigente político. No había nadie. ¡Estaban dando un golpe de estado y no pasaba nada!”.

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