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El absolutismo y las desventuras bíblicas de Job

El absolutismo y las desventuras bíblicas de Job

 

 

Cr. Isaac Markus

 

 

El Libro de Job narra uno de los episodios bíblicos que más dificultades de interpretación genera en sus lectores. A pesar de haber sido un ser piadoso y temeroso de Dios, Job fue sometido a una larga serie de desgracias, a contrapelo de lo que podría esperarse como retribución de su conducta. ¿Acaso Job no tenía derecho a ser amparado por la protección divina habiendo cumplido su parte del pacto?

 

Intentando encontrar respuesta a esta pregunta, Zygmunt Bauman comienza su análisis haciendo referencia a las tesis de MijailBajtin acerca del “miedo cósmico” del ser humano que lo hace acudir a la figura divina. Se trata de un miedo fundado en el temor a la incertidumbre y en la conciencia de la vulnerabilidad. En su forma original este miedo cósmico era un miedo a una fuerza anónima y muda; el universo no hablaba ni exigía nada. Pero a partir de su aparición en el Monte Sinaí, Dios comienza a hablar y dar órdenes. Verifica, además, si sus órdenes se han cumplido, recompensa al obediente, y castiga al indócil.

 

¿A qué se debe entonces que alguien como Job, que ha cumplido fielmente con todas las órdenes impartidas, sea cruelmente castigado en lugar de recibir el premio que ameritaba su conducta? Bauman opina que en este episodio queda marcado el amplio  poder decisorio de Dios que incluye la posibilidad de establecer excepciones a las reglas cuando lo considere necesario y más allá de que sus decisiones puedan ser comprendidas racionalmente por el ser humano. Esto resulta fundamental para validar  la idea de un poder absoluto. Solo lo incomprensible puede ser creído de forma incondicional. Sin el Libro de Job, que extiende los límites de la capacidad decisoria de Dios, el Éxodo no lograría establecer el fundamento de la omnipotencia de Dios y la obediencia de Israel.

 

En particular sintonía con esta visión del poder, los líderes terrenales pretendientes de una omnipotencia cuasi divina advertirían que la imprevisibilidad y el capricho era la más formidable, temible e invencible de sus armas. Las excepciones que marcaban el poder decisorio de los soberanos pasarían a ser moneda común. Quien quisiera apropiarse del poder del soberano debía dispersar primero la niebla de la incertidumbre. En este punto, el “miedo cósmico” se transformaría en un “miedo oficial”, del que harían uso los soberanos aspirantes a un poder absoluto.

 

En el libro “Pabellón de cáncer” de Solzhenitsyn, uno de los pacientes, dignatario de un partido local en épocas de Stalin, comienza cada día leyendo atentamente el editorial de Pravda. Se halla a la espera de una operación y sus chances de supervivencia penden de un hilo. Sin embargo, todos los días, desde que llega a sus manos el nuevo número de Pravda ya no tiene motivos para preocuparse, sabe exactamente qué hacer, qué decir, y sobre qué temas mantener silencio. A pesar de los cambios caprichosos y permanentes de Stalin, de las purgas periódicas que hacían caer en desgracia a sus anteriores favoritos, a pesar de todo ello, no había un solo momento en que a este obediente seguidor se le borroneara la diferencia entre lo permitido y lo prohibido. Solo había que seguir estrictamente lo establecido en el editorial de Pravda de cada día para tener el confort de la certeza y no equivocarse. No era necesario entender, solo obedecer. Stalin, con su enorme poder decisorio, asumía la responsabilidad de decirles todo lo que necesitaban y debían saber.

Con este y otros ejemplos de similar tenor, Bauman intenta demostrar que todo poder absoluto, para ser aceptado y temido, se vale de la capacidad de establecer excepciones a las reglas. La vigencia de cierto grado de incertidumbre contribuye a aumentar el temor hacia el poder de turno y a su mayor permanencia.  .

 

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