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El poder de la imaginación ( Herbert Marcuse)

El poder de la imaginación ( Herbert Marcuse)

David Malowany en exclusiva para Diario Judío México – Para el inspirador del Mayo Francés – El Hombre Unidimensional-, la historia se resume en la dominación del hombre por el hombre. En la actualidad, mediante la racionalidad técnica y científica han nacido nuevas formas de control social. Así, el mundo tiende a convertirse en el material de la administración total, que absorbe incluso a los administradores.

Varios son los métodos por los cuales la sociedad ejerce su poder para el integrante de la Escuela de Frankfurt. Por ejemplo, los medios de comunicación de masas son instrumentos de información y diversión pero también lo son de manipulación e indoctrinación.

 Así, mientras que el hombre cree que piensa por sí mismo, en realidad sus concepciones están atravesadas por la marca de formas específicas de dominación, organización y manipulación. Tiene la ilusión de que expresa sus sentimientos y aspiraciones, de acuerdo a su propio lenguaje pero un examen más detenido, hacer comprobar de que existe algo que está más allá. El individuo no hace más que reproducir los conceptos que le hicieron llegar sus dominadores, benefactores o anunciantes.

Otro método de dominación es la falsa imposición de necesidades. La sociedad todavía está organizada de tal modo que satisfacer las mismas, constituye una ocupación de tiempo completo y permanente de clases sociales específicas, que no son por lo tanto libres, y están impedidas de una existencia humana.

Los controles sociales exigen la abrumadora necesidad de producir y consumir el derroche. Para la mayor parte de los mortales, descansar, divertirse, comportarse y consumir como se lo sugiere la publicidad, amar y odiar los que otros odian y aman son expresiones de su personalidad, pero tales necesidades son heterónomas, tienen un contenido y unas funciones determinadas por poderes externos sobre los que el individuo no tiene ningún control.

El cree que está eligiendo de acuerdo a su parecer, al punto que se identifica y se encuentra a sí mismo en su satisfacción pero en realidad es víctima de una completa automatización en el campo de la necesidad.

Los productos adoctrinan y manipulan; promueven una falsa conciencia inmune a su falsedad. Y a medida que estos productos benéficos son asequibles a más individuos en más clases sociales, la adoctrinación que llevan a cabo deja de ser publicidad; se convierte en modo de vida.

Si el trabajador y su jefe se divierten con el mismo programa de televisión y visitan los mismos hoteles de veraneo, si la taquígrafa se viste tan elegantemente como la hija del jefe, si un afrodescendiente tiene un vehículo de alta gama, si todos leen el mismo periódico, entonces esta asimilación indica no la desaparición de las clases, sino la medida en que las necesidades y satisfacciones que sirven para la preservación del establecimiento son compartidas por la población subyacente. La negativa intelectual y emocional de “seguir la corriente” parece neurótica e impotente.

Mientras más capaces sean los gobernantes de repartir los bienes de consumo, más firmemente estará ligada la población a las diversas burocracias que la gobiernan produciendo su explotación mental haciéndoles creer que lo real es racional.

¿Si los individuos están satisfechos hasta la felicidad con los bienes y servicios que les entrega la administración, por qué han de insistir en instituciones diferentes? Y si los individuos están precondicionados de tal modo que los bienes que le producen satisfacción también incluyen pensamientos, sentimientos, aspiraciones; ¿por qué han de querer pensar, sentir e imaginar por sí mismos? Así la democracia será el sistema más eficaz de dominación salvo para aquellos de existencia inhumana que forman la base humana de la pirámide social: los marginales, las etnias perseguidas, los presos y los locos.

¿Como puede el hombre liberarse de ser administrado? Usando su energía en una forma de que no sea canalizada en la utilización de bienes y servicios que lo satisfacen pero lo hacen incapaz de lograr una existencia propia.

Una sociedad solo puede ser democrática mediante la abolición de la cultura de masas. La liberación exige la represión de las necesidades y satisfacciones heterónomas que organizan la vida en sociedad, redefiniéndolas.

El poder de la imaginación excede en mucho a Alicia en el País de las Maravillas en su transformación de las palabras, en su habilidad por darle sentido a las tonterías y convertir en tontería lo que tiene sentido.

La autodeterminación será real en el grado en que las masas hayan sido disueltas y transformadas en individuos liberados de toda propaganda, indoctrinación o manipulación. Individuos que sean capaces de conocer y comprender los hechos y de evaluar las alternativas. Para usar un infortunadamente fantástico ejemplo: la mera supresión de todo tipo de anuncios y de todo tipo de información media y diversión media con fines de adoctrinamiento sumergiría al individuo en una oportunidad de sorprenderse y pensar para finalmente, conocerse a sí mismo.

 

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