Menu

Cayo Dilma , la peor derrota de la izquierda

Cayo Dilma , la peor derrota de la izquierda

Foto Dilama en el teatro griego, la tragedia sodea a todos

 

Esteban Valenti

 

El senado de Brasil resolvió por 55 votos en 81 iniciar el proceso de Impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff. Para esto era necesaria una mayoría simple, de 41 votos, que aparta durante 180 días del cargo a la presidenta. Plazo durante el cual se procesarán las acusaciones.

Para expulsar definitivamente del cargo a Dilma hará falta una mayoría de 54 votos (2/3 de los senadores).

El resultado de esta primera votación compromete seriamente la posibilidad de que Dilma Rousseff sea definitivamente apartada de su cargo al finalizar el juicio en el Congreso.

El PT prácticamente en solitario, (solo apoyado por el PCB y PCdoB y el PDT) reiteró acusaciones de golpismo contra los impulsores del Impeachment, en particular el PMDB, el ex aliado del gobierno, del PSDB, el principal partido de la oposición, y el PP, también anterior aliado del PT. En el parlamento están representados 25 diferentes partidos...con gran cantidad de legisladores que cambian de grupo.

Entre los alegatos más duros contra el PY t contra la presidenta estuvo el que pronuncio Cristovan Buarque, del partido surgido de la disolución del histórico Partido Comunista. Buarque fue ministro en el primer gobierno de Lula e integrante del PT.

Reconstruir los episodios de este proceso es imposible y lleno de contradicciones y de actos al borde del ridículo. Basta recordar la fundamentación de voto de más 500 diputados, una de las páginas parlamentarias más absurda, más cercana al ridículo del que se tenga memoria.

Debemos reconocer que el debate en el Senado tuvo notoriamente otro nivel, aunque los temas legales fueron absolutamente accesorios, el enjuiciamiento fue político para el gobierno en su conjunto, para el PT y subsidiariamente para Dilma Rousseff.

La acusación se basó en el manejo de la contabilidad del Estado y de decretos aprobados por la presidenta para utilizar fondos financieros para cubrir déficits de determinados programas, en particular de las políticas sociales. En muchos países, incluso en la historia de Brasil, muchos presidentes hubieran tenido que ser apartados de sus cargos utilizando las mismas acusaciones.

El presidente de la Comisión del Senado que acusó a la presidenta, senador Anastasia, fue acusado de los mismos hechos en su Estado, manejo del presupuesto público sin intervención legislativa.

La Constitución Federal de Brasil ha sido llevada hasta el límite y en algunos casos un poco más allá para destituir a la presidenta. No se necesita ser un jurista especializado. Comparar este Impeachment con el que se produjo en 1992 contra el entonces presidente Collor de Melo es absurdo, más allá de la formalidad forzada, las acusaciones son totalmente diferentes, y aunque la oposición hizo todos los intentos posibles por presentar la situación vinculada a los múltiples casos de corrupción, Dilma es uno de los pocos políticos que prácticamente no es mencionada en las diferentes causas.

Mientras que 57% de los diputados tienen causas pendientes con la justicia y el 60% de los senadores. Un cuadro realmente desolador para la política y para la sociedad brasilera.

Asumiendo la complejidad de la situación me animo a afirmar que se trata de la penúltima etapa de un golpe político de una coalición que va desde la derecha al centro del espectro político brasilero. Los 55 votos alcanzados sobre 78 senadores que participaron en la sesión culminada a las 6 y 30 de la mañana, hace suponer que se alcanzarán las mayorías de 2/3 requeridas para su definitiva expulsión del cargo.

Esto se expresa además a nivel del apoyo que reciben los diferentes dirigentes. En la última encuesta de Data Folha, la presidenta recibió el apoyo del 13% y una opinión negativa del 63% de los brasileros, pero en esa misma compulsa al preguntarles sobre el posible apoyo electoral, Miche Temer el actual vicepresidente que asumirá como presidente recoge el 3% de apoyo, Aecio Neves el candidato contra el que compitió Rousseff en las últimas elecciones, obtuvo el 17% de apoyos (también está implicado en varias causas de corrupción), Marina Silva ex dirigente y ministra del PT que formó su propio partido obtiene el 19% de apoyos y Lula da Silva, el ex presidente el 21% de la intención de voto.

Mientras se sucedían los diversos episodios del Impeachment además de las grandes manifestaciones a favor y en contra, del papel de los medios de prensa, de las organizaciones sociales, de las redes y en particular del humor más acido posible, hubo otro protagonista muy destacado: la bolsa de valores y el precio del dólar. Era un subibaja, avanzaba el Impeachment y subía la bolsa y bajaba el dólar, y exactamente lo opuesto ante cualquier freno.

No fue un proceso espontáneo, uno de los cambios más significativos se dio fuera del parlamento, cuando la FIESP, la poderosa Federación de Industrias del Estado de San Pablo la mayor organización empresarial de todo el continente, se sumó con entusiasmo y toda su fuerza a la causa de la destitución de la presidenta. Se rompió una alianza socio-política que estuvo en la base de los gobiernos del PT, la poderosa burguesía industrial brasilera, que también tuvo sus momentos de gloria durante los gobiernos de Lula y Rousseff se rompió definitivamente.

Este Impeachment es la mayor derrota sufrida por la izquierda latinoamericana en su historia de gobiernos progresistas. La derecha, los grandes grupos del poder económico y mediático jugaron muy bien sus cartas. Quedarnos en esta acusación, sería estúpido, la derecha jugó su papel, sino dejaría de ser derecha. Lo que tenemos que preguntarnos en la izquierda ¿es que pasó, que cambió para que se haya podido imponer este Impeachment y por lo tanto esta derrota?

Cuando algunos compañeros argumentan que la mayoría de los diputados y senadores están acusados de corrupción o que el Supremo Tribunal Federal tiene altas responsabilidades en el Impeachment, les falta un pequeño detalle, esto sucede luego de 13 años de gobiernos del PT.

Una parte de esos más de diputados y senadores fueron aliados fundamentales del PT y los integrantes del Supremo Tribunal Federal fueron designados durante los gobiernos del PT.

Y algo fundamental, el Impeachment nunca se hubiera podido producir si la mayoría absoluta de los brasileros no apoyara de muchas maneras el fin del mandato de Dilma, sin las enormes manifestaciones de repudio que se iniciaron en el Mundial del Fútbol, con las silbatinas en los estadios y con un 13% de exiguo apoyo que recoge hoy el gobierno de Dilma. Esta situación no invalida las acusaciones de cómo se llegó y se superaron los límites legales, en todo caso describe la fragilidad de la institucionalidad brasilera y no la justifica, pero ayuda a comprender el cuadro político.

El Impeachment no invalida y anula toda la gigantesca transformación realizada por los gobiernos del PT, a nivel económico y social, al contrario, eleva de categoría las grandes interrogantes. ¿Cómo fue posible, como es posible el Impeachment? Y estas son preguntas obligatorias para la izquierda latinoamericana y en especial en el Uruguay.

Los paralelismos y las comparaciones fáciles son venenosas, las lavadas de manos y las moralizaciones y el griterío son suicidas. Hay que ser muy críticos, ir a fondo, preguntarse sin límites y responder buscando la verdad. Aunque duela.

Esta regresión de la situación política e institucional en Brasil fue posible por diversos factores. El primero, el más devastador, es la corrupción extendida y que llegó a los más altos niveles del Estado y del gobierno y que generó un enorme descontento social. No sirve, no alcanza con afirmar que la corrupción en Brasil tiene una larga historia, también contra esa corrupción, decenas de millones de brasileros votaron a Lula y a Dilma. Y se sintieron defraudados. Y tienen razones.

El PT es de todos los grandes partidos de Brasil el que tiene menor cantidad de inculpados en el caso Petrobras y otros grandes escándalos, pero gobernó durante todo ese tiempo y tiene figuras de primer plano implicadas. Eso fue y es devastador, no solo en el apoyo popular al gobierno sino en su imagen, en su propio relato histórico, en la base de sus valores y principios y en su política.

Es una plaga que está azotando a las fuerzas de izquierda, progresistas o que se llaman de izquierda en toda la región. Es cierto, la corrupción atropella todo, el fútbol, los Panamá Papers, el corazón mismo del relato "capitalista" liberal y, muchas otras cosas, la corrupción fue la base de la crisis bancaria y financiera mundial del año 2009 que persiste hasta hoy, pero eso lejos de justificar la situación de algunas formaciones de izquierda, lo agrava. ¿Somos como ellos? ¿Acaso la exclusión, el combate contra la riqueza angurrienta, contra la avaricia no era un antídoto para la corrupción? Parece que todo es mucho más complejo.

Estamos cayendo de diversos gobiernos, en primer lugar porque gobernamos, cambiamos la realidad política de la región y asumimos el enorme desafió de gobernar y en segundo lugar porque hicimos cosas mal hechas, aunque queramos cubrirlas con nuestra sensibilidad social y los cambios. No superamos adecuadamente las enormes tentaciones del poder. Y hasta que no analicemos a fondo las causas de este hecho y nos refugiemos en las acusaciones contra la derecha y su prensa, la derrota nos aplastará. Y nos aplastará el alma.

El segundo motivo de esta caída en Brasil es la situación económica y social, que no está separada del tema anterior. Nos fuimos pareciendo cada día más a las políticas económicas y sociales de los grupos dominantes tradicionales y lo pagamos caro. La peor caída del PBI del Brasil, no es solo por la crisis política, tiene causas económicas internacionales, pero sobre todo nacionales y estructurales.

Petrobras no es solo un enorme escándalo, es un plan gigantesco que salió mal, con inversiones monstruosas para instalar las plataformas en el Presal que con el petróleo a 45 dólares el barril son totalmente deficitarias. Las perspectivas de salir de la crisis y luego de la euforia de los "mercados" por la salida de Rousseff son lentas y muy complicadas y la derecha tratará de hacérselas pagar al sector más débil de la sociedad brasilera, a los pobres. Lo que a Uruguay como país consumidor de petróleo debería ser un aporte positivo para Brasil, gran productor de crudo pero con altos costos de extracción es un castigo para su economía. A todo eso se agregan los mismos factores que padecemos todos, baja en China, crisis en Europa, caída de los precios de las materias primas.

El gobierno de Dilma Rousseff tiene diferencias importantes en relación a Lula, se demostró riguroso a la hora de sacar a los implicados en los escándalos del gabinete, pero mucho más impreciso en el manejo de la economía y de la política. Falto total de imaginación, de iniciativa, de capacidad de maniobra. Yo sigo casi a diario la política brasilera y en algunos casos he quedado asombrado de la pobreza del discurso y de las acciones del gobierno de Rousseff. Esta es la opinión de muchos de mis amigos brasileros, la mayoría de los cuales son militantes o votantes del PT. Eso completa el cuadro político, no cambia la esencia.

Esa letal combinación de corrupción, flaqueza y falta de iniciativa política y crisis económica con sus serios impactos sociales, es la base de la caída feroz en los apoyos sociales a Dilma y al PT y es sobre esa debilidad que se montó el golpe del I

Enviar comentario sobre la nota al Director...

Su Nombre: *


Su Email: *


Asunto: *


Sus Comentarios:


volver arriba