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Argentinos

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       José Ortega y Gasset: los argentinos.

            Por Dr. David Malowany.

       En momentos que nuestra hermana república está gobernada por ultra- conservadores con sus correspondientes ajustes y correcciones macroeconómicas aplicados sin mucha sensibilidad,   convendría repasar las impresiones que la más filosa de las plumas, José Ortega y Gasset, tuvo cuando  la visitó por segunda vez,  a la  que en ese entonces, antes de la crisis de1929, era el granero del mundo.

      El filósofo no era precisamente un izquierdista sino un hijo de una acomodada familia.  Su pluma magistral contribuyó al menoscabo de la Dictadura de Miguel Primo de Rivera, que caería  con el fin de la década, pero ello no obstó para que pintase la mediocridad de la aristocracia argentina.  

     Ortega llega por primera vez a Buenos Aires en 1916, pronunciando diversas  conferencias en variados ámbitos, y en la Facultad de Filosofía y Letras. La multitud rompió los vidrios para poder ingresar al aula magna, pero fue en su segunda visita de 1929 que se convirtió en un duro crítico de la intelectualidad y el patriciado argentino de aquel tiempo:

       El argentino  vive atento, no a lo que efectivamente constituye su vida, no a lo que de hecho es su persona, sino a una figura ideal que de sí mismo posee. 

 

   Se gusta a sí mismo, le gusta la imagen que de sí mismo tiene….

 

      No tiene más vocación que la de ser ya el que imagina ser.

 

      Vive, pues, entregado, pero no a una realidad, sino a una imagen.

 

     Viven a la defensiva, inseguros, hablando por delante de las cosas.

 

    Si intentamos hablar con ellos  de ciencia, de política, de la vida en general, notamos que resbala sobre el tema. Es natural que sea así porque su energía no está puesta sobre el asunto, sino ocupada en defender su propia persona.  ¿Pero defenderla de que sino lo atacamos?

 

         Su actitud, traducida en palabras, significaría aproximadamente esto: Aquí lo importante no es eso, sino de que se haga usted bien cargo de que yo soy nada menos que el redactor en jefe del importante periódico X. o bien. Fíjese Usted que yo soy profesor en la Facultad Z…

 

     En vez de estar viviendo activamente eso mismo que pretende ser, en vez de estar sumido en su oficio o destino, se coloca fuera de él y, Cicerone de si mismo, nos muestra su posición social como se muestra un monumento.

 

      De este modo su persona queda escindida en dos: su persona auténtica y su figura social o papel. Entre ambas no hay comunicación efectiva. Ya esto bastaría para explicarnos por qué no es difícil la comunicación con este hombre: él mismo no se comunica consigo mismo.

 

     Ortega y Gasset, como muchos en nuestro tiempo, siente que el vecino país tal vez desperdicia su buenaventura:

 

      "Quien conozca la Argentina actual-1929- sabe que nada puede hacerle tanto daño como alabarla,  mas que  interesarla en la opinión ajena sobre ella; es preciso empujarla hacia sí misma, recluirla en su inexorable ser".

 

      La altanería de proyectos tiene algunos inconvenientes. Cuando más elevado sea el módulo de vida a que nos pongamos, mayor distancia habrá entre el proyecto- lo que queremos ser- y la situación real, lo que aún somos. …y si de puro mirar el proyecto  olvidamos que aún no lo hemos cumplido, acabaremos por creernos ya en perfección.

 

       La forma de existencia del argentino es lo que yo llamaría el futurismo concreto de cada cual. No es el futurismo genérico de un ideal común, de una utopía colectiva, sino que cada cual vive sus ilusiones como si ellas ya fueran ya la realidad.

 

      Acaso lo esencial de la vida argentina era eso: ser promesa. Tiene el don de que poblamos el espíritu con promesas, reverbera en esperanzas como un campo de mica en reflejos innumerables. Su existir era un puro afán que se consumía en sí mismo sin llegar a su logro.

 

     El argentino sobre todo, no paraba de hacer cosas y a la par dejaba la impresión de vivir una vida con pobre programa.

 

      La Argentina actual,  con el patriciado en el poder se parece mucho a la de antaño, un país con pobre programa, sin ideales colectivos, eterna promesa y nunca concreción. 

 

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