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Los años que el hombre vive en la tierra, como interpretar las escrituras...

Los años que el hombre vive en la tierra, como interpretar las escrituras...

* שבת פרשת נח*
 
¿Qué es lo que provocó el diluvio? ¿Un meteorito? ¿Un cataclismo universal?
¿Un cambio climático? La Torá no es un libro común. Es un libro divino. Y
como tal, exige una lectura no convencional. Esa lectura implica, entre
otras cosas, leer los silencios del texto, leer entre sus líneas y,
particularmente, saber que nada está allí innecesariamente. En el quinto
capítulo de Bereshit (Génesis) en la Perashá de la semana pasada, leemos la
historia de la genealogía humana: La Torá nos trae una lista, aparentemente
superflua, de los años que vivió cada uno de los descendientes de Adam, el
primer hombre. Un total de 9 generaciones de hombres muy longevos. El
récord lo tiene (hasta el momento...) Metushelaj -Matusalén- que vivió 969
años. De cualquier manera, la pregunta sigue allí: más allá de satisfacer
nuestra curiosidad histórica, ¿qué nos enseña este registro civil de las
edades de los primeros humanos? ¿Para qué necesitamos tanto detalle?
 
Si observamos con detenimiento los años de vida de cada uno de estos
protagonistas, descubriremos algo maravilloso.
 
Lémej nace en el año 874, contando desde el "nacimiento" de Adam (=su
creación, año cero). Adam muere a los 930 años. Entre el años 874 y el año
930, todos estos hombres, "los inmortales", y sus miles de descendientes
vivieron al mismo tiempo. El año 930 se produce un evento extraordinario.
Muere Adam, el primer hombre. Los hombres ya sabían que un ser humano puede
morir por accidente o ser asesinado, como Abel. Pero aquí, por primera vez,
se produce la muerte natural. HaShem ya le había dicho a Adam que no
viviría por siempre, que no era eterno. Pero esa advertencia tardó más de
nueve siglos en concretizarse. Suficiente tiempo para que los seres humanos
se hayan hecho la idea de que eran inmortales. La muerte natural de Adam
fue un tremendo shock. Lo único que podía aliviar ese miedo era suponer
que la advertencia de Dios afectaría solamente a Adam, como individuo, por
su desobediencia. Pero en el año 987 (uno tiene que hacer la cuenta por sí
mismo!) se registra la segunda muerte natural: Janoj, que fallece a la
tierna edad de 365 años... Esta segunda muerte ya no se podía atribuir a
la desobediencia. La Torá dice explícitamente que Janoj era un hombre que
se encaminaba por el camino divino (Gen. 5:24). La muerte de Janoj fue un
evento estremecedor. La Torá lo describe con palabras que parecen indicar
la sorpresa y el miedo al misterio de la muerte, propias de una época donde
fallecer era una novedad tan grande, que todavía no aún no habia una
palabra que la describiera/ El texto no dice que janoj "murió": Dice
(idem.) "y Janoj *ya no está*, *porque Dios se lo llevó*".
 
La tercera muerte natural es la de Shet, el hijo de Adam. Esto ocurre en el
año 1042. Y la tercera es la vencida... Ahora ya es un hecho: la muerte
está aquí, y para quedarse. Así la humanidad descubre la mortalidad. La
reacción de los hombres frente a la inevitabilidad de la muerte se describe
en el sexto capítulo. Y no fue positiva. Todo lo contrario. La conciencia
de la mortalidad causó una enorme frustración y un pánico que puso de
manifiesto lo peor del ser humano. Como en esos escenarios de Hollywood que
describen la inminente caída de un meteorito que destruirá a la tierra. Los
hombres que saben que van a morir quieren "disfrutar" al máximo,
materialmente, el tiempo que les queda de vida. Como dijo Yeshayahu (22:
13), citando la filosofía de vida de los hombres sin Torá: אכול ושתה, כי
מחר נמות, "Comamos y bebamos [todo lo que podamos] ya que igual mañana nos
vamos a morir".
 
Una frase en el texto de la Torá revela algo de esa nueva condición
humana: *"Y vieron los hombre poderosos a las hijas [de otras familias,
tribus. et.] y tomaron [por la fuerza] todas las mujeres que quisieron"*.
Nuestros rabinos agregaron que la generación previa al diluvio no sólo se
destacó por la violencia sexual, sino también por la corrupción, la anarquía,
la opresión del más débil, el crimen viralizado y especialmente la falta de
ley, orden y justicia.
 
En esa situación HaShem decide dos cosas: 1. acortar la vida humana (algo
que irá ocurriendo gradualmente) y 2. traer el diluvio, que será un "reset"
de la civilización humana.
 
Ahora entendemos que lo que causó el diluvio no fue un meteorito: fue ese
estado de degeneración, violencia, caos y corrupción de los hombres que
reaccionaron incorrectamente al descubrimiento de la mortalidad humana.
 
Noaj, el protagonista de nuestra Perashá, es el primer hombre que nace
(año 1056) en un mundo de mortales conscientes. Al terminar el diluvio
Noaj recibirá el primer código de leyes, 7 normas básicas que condenan el
asesinato, el robo, la promiscuidad, etc., y codifican el establecimiento
de tribunales de justicia que eviten la impunidad. Todo esto va a ayudar a
que se cree un nuevo clima de ley y orden.
 
Pero habrá que esperar otras 10 generaciones más para que otro hombre,
Abraham Abinu, y sus descendientes, hagan un segundo descubrimiento: que la
mortalidad afecta solamente al cuerpo del hombre. Su espíritu, su *neshamá*,
sobrevive a la muerte física. Y que lo que hacemos o dejamos de hacer en
esta limitada existencia, afecta la calidad de la vida después de esta
vida. Y que, como dice Pirqué Abot, estos 120 años son un corredor, una
preparación, para la vida del mundo por venir.
 
 
*SHABBAT SHALOM*
 
Ohel David Ushlomo,
NY 11235

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