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Derechización

Derechización
Oriente Medio

Federico Gaon *
Aurora Israel
 
 

Nadie discute que Israel, políticamente hablando, viene derechizándose desde hace 15 años. Es una tendencia clara y evidente, y ha alcanzado un nuevo hito. El último 19 de mayo se anunció que Avigdor Liberman pasaría a formar parte del gabinete israelí como ministro de Defensa, integrando de este modo al partido derechista Israel Beiteinu a la coalición de gobierno. Con este anuncio, el Gobierno número 34 se reconfirma como el más derechista en la joven historia del Estado hebreo. Se trata de una coalición dominada por nacionalistas partidarios de mano dura, quienes no han sabido reconciliarse con la centroizquierda, el espectro de donde estriba la principal fuente de oposición.

En perspectiva, el laborismo israelí, que avasalló la política durante las primeras tres décadas de existencia del Estado, parecería haber quedado relegado a una posición muy por detrás de las glorias de otrora.

Por eso, aunque hay que preguntarse qué significa Liberman como ministro de Defensa, es necesario reflexionar sobre el contexto actual; sobre esta tendencia a la derechización, y sus repercusiones en la sociedad israelí y en el proceso de paz.

Lo primero que debe ser establecido es que la llegada de Liberman se produce en el marco de la ola de ataques terroristas que viene sacudiendo al país en los últimos meses. Liberman criticaba al primer ministro Benjamín Netanyahu por no ser lo suficientemente duro contra los palestinos, y por no llevar a cabo asesinatos selectivos. En este sentido, su discurso contrasta con Moshé Yaalón, quien fuese hasta recién ministro de Defensa.

“Bogie”, como le dicen en Israel, es un galardonado militar de carrera. En 2005 se opuso vehemente a la retirada unilateral de Israel de la Franja de Gaza, crítica que le costó su posición como jefe del Estado Mayor. Desilusionado, en 2008 Yaalón se sumó a las filas del Likud, y desde entonces la suya es una posición rigurosa, primordialmente basada en consideraciones de seguridad. ¿En qué difiere entonces con Liberman?

En cierta medida, el hecho que desencadenó la salida de Yaalón y facilitó la entrada de Liberman fue el incidente producido el 24 de marzo pasado, cuando un soldado del ejército israelí mató a un terrorista palestino en Hebrón. El palestino en cuestión, al atacar y herir a un soldado, fue neutralizado, quedando herido en el suelo. La polémica se produjo luego de que otro soldado, sin consultar con su comandante, sintió que el atacante “se merecía morir”, procediendo a ejecutarlo extrajudicialmente. Esta eventualidad suscitó una polémica nacional en torno al posible enjuiciamiento del soldado intransigente. Cuando el ejército se dispuso a arrestarlo e investigarlo, una encuesta de la televisión local mostró que la mayoría de los israelíes, esto es un 57%, estaba en contra de que el soldado fuese procesado.

En este debate, Yaalón se posicionó como una de las voces más fuertes en favor de seguir las reglas del manual, y procesar al soldado por desobediencia; por disparar cuando el palestino ya no presentaba ninguna amenaza. Liberman se paró en cambio en el espectro contrario, aprovechando la indignación de los sectores más duros para posicionarse entre dicho electorado. Quizás más relevante, la templanza de Yaalón contrasta con el afán de Liberman por impulsar la pena de muerte para terroristas convictos, una discusión que hace una década en Israel sería impensable.

Sobre Yaalón también podría decirse que su temperamento consecuente, con el debido proceso y la disciplina castrense, le costó el cargo, y, lo que es más, su lugar en el Likud. Así, tal como ocurriera con Ariel Sharón (aunque por razones diferentes), otro importante militar, por un hecho político termina siendo marginado por su propio partido.
Yaalón es la última víctima del proceso de derechización de la sociedad israelí. Pese a su larga y decorosa trayectoria como uniformado, y pese a serle fiel a Netanyahu, en última instancia el primer ministro decidió reemplazarlo por un hombre con pocas credenciales militares, y mucho menos en materia de seguridad. De contar en su gabinete con un exjefe del Estado Mayor, Netanyahu ahora será secundado por un populista que nunca superó el rango de cabo. Dado que Liberman admira a Vladimir Putin, según lo dice un comentarista, Yaalón –“la voz moral del ejército”– será reemplazado por quién será “el zar” de Cisjordania, puesto que el portafolio de Defensa se ocupa precisamente de administrar la gestión de dichos territorios.

Tal como lo expresa David Horovitz, la brutal decisión de Netanyahu ha producido las reacciones predecibles dentro del espectro político del país; “cuanto más a la derecha, más cálido es el apoyo al cambio de personal; cuanto más a la izquierda, más severas son las advertencias de fascismo y extremismo en la conducción de Israel”. En efecto, el ex primer ministro Ehud Barak dijo que Yaalón fue “purgado” por Netanyahu, y Tzipi Livni se refirió a una “crisis ética”. Para la laborista Shelly Yachimovich, Israel nunca experimentó “una bajeza política tan grande”.

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