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George Steiner: postales de la vida.

George Steiner: postales de la vida.

 

 Sic. Maximiliano Diel

“Nosotros llegamos después. Sabemos que un hombre puede leer a Goethe o a Rilke por la noche, que puede tocar a Bach o a Schubert, e ir por la mañana a su trabajo en Auschwitz. Decir que los lee sin entenderlos o que tiene mal oído es una cretinez. (…) ¿Cuáles son los nexos, hasta ahora apenas conocidos, entre las pautas intelectuales, psicológicas, del alto saber literario y las tentaciones de lo inhumano?”

En esta cita se esbozan algunas de las interrogantes que la agudeza de Steiner se ha planteado una y otra vez, en una repetición que atraviesa su obra. Quizás no haya libro suyo donde, de alguna manera u otra, se plantee el vínculo entre el “alto saber literario” y la barbarie. Es una cuestión en la que va la vida. No importa que esté escribiendo sobre crítica literaria, literatura comparada, poética de las traducciones, lingüística o relaciones entre el judaísmo y la diáspora; el haber llegado después, cambia todo.

Obviamente no es el único, mas pensamos que su estilo de digresión despojado, honesto, comprometido, hebreo (“el que está del otro lado”, es una posible traducción de la palabra hebreo), sí lo hace único.

Según Steiner, las teorías en el ámbito de las humanidades -o las metáforas de trabajo, como le gustaba llamarlas- no son más que intuiciones impacientes. En este artículo se busca ilustrar, con tres viñetas, esta conclusión impaciente y chabacana: Steiner está del otro lado.

El crítico

Aquellos que hayan pasado por el IPA de literatura recordarán su célebre obra “Las Antígonas”. Según tengo entendido, se lo presenta como crítico literario. Sin embargo, podemos abrir el libro “Lenguaje y silencio” y encontrarnosal filo de lo siguiente:

“Al mirar atrás, el crítico ve la sombra de un eunuco. ¿Quién sería crítico si pudiera ser escritor? ¿Quién se preocuparía de calar al máximo en Dostoievski si pudiera forjar un centímetro de los Karamazov (…)? Toda gran escritura brota de le dur désir de durer, la despiadada artimaña del espíritu contra la muerte, la esperanza de sobrepasar al tiempo con la fuerza de la creación.”

Difícil posición la del crítico, quien siempre escribe de segunda mano, escribe gracias al genio de otros hombres. Reconocer el propio absurdo de su posición es algo notable.

En este mismo artículo, llamado “La cultura y lo humano”, se nos recuerda que nos alimentamos literariamente de lo que vino después:

“Lo que el hombre ha hecho al hombre, en una época muy reciente, ha afectado a la materia prima del escritor –la suma y la potencialidad del comportamiento humano- y oprime su cerebro con unas tinieblas nuevas.”

El judío

No sin humor, en una conferencia del año 2001 en el Adenauer Center de Jerusalén, plantea algunas definiciones fragmentarias y temporales sobre qué es un  judío: según Richard Crossman, son los hombres y mujeres que nunca leen un libro sin un lápiz en la mano, porque están convencidos que ellos pueden escribir otro mejor;según el nazi Mator Lueger, “es judío quien yo elijo que lo sea”, tesis que de alguna manera brutal hace eco de los postulados de Spinoza y Sartre, para quienes al judío lo define su enemigo. Sin embargo, la mejor, en su opinión, es la del teólogo alemán Karl Barth: “El judío es un hombre enfermo de/en Dios”.

Sobre la cuestión de la supervivencia del judío, ya sea física o cultural, ha señalado cierto tabú al preguntar si es algo tan evidentemente deseable: “¿Deberá un judío tener hijos, si ello puede provocar una Shoá?”

Esta serie de preguntas –producto deldespués- lo llevan a una crítica del sionismo: la cuestión no es ¿debemos sobrevivir? sino ¿a qué precio?

Dice Steiner:

“Para mí el hecho de que un judío tenga que torturar a otro ser humano, como hace la policía secreta israelí, para sobrevivir es algo a lo que no me puedo acomodar racionalmente. Me parece que es una barbaridad. (…) Somos el pueblo que, al estar despojado y acosado, ha tenido el fantástico privilegio aristocrático de no torturar a nadie, de no convertir a nadie en apátrida (…) Es necesario que unos cuantos judíos absurdamente desprovistos de sentido práctico permanezcan en la gran sombra del mundo europeo, que al menos se recuerde la civilización que hubo allí antaño.”

En otro lado vuelve a poner el dedo en la llaga del alosemitismo: “¿Hemos sobrevivido durante milenios para acabar siendo como todos los demás? Quizás el alma debería tener sus esnobismos.”

El solitario

Terminamos con una imagen que bien podría leerse en el “mal sentido”, y por ello más arriesgada aún:

“Otra diferencia, quizá, con los instintos democráticos de Estados Unidos: no soy un hombre de mar, un aficionado a la democracia de las playas. La montaña efectúa una ruda selección. [Esta idea se encuentra también en Nietzsche, y sabemos lo que se hizo despuéscon él]. Cuanto más se escala, menos gente se encuentra. La soledad es, sin duda alguna, la prueba. ¿Vale la pena vivir, vivir con uno mismo? De una manera que soy incapaz de formular, uno se encuentra solo hasta en lo más hondo del amor y de la sexualidad. Como en la muerte. Las sociedades de consumo y las utopías igualitarias han intentado hacérnoslo olvidar. Por mi parte, siempre me ha parecido evidente. La muerte, así lo siento, será una cosa interesante. Me temo que no es un interés que se pueda compartir.”

 

Bibliografía consultada:

  • Steiner, George (2011) Los logócratas. DeBolsillo, Barcelona.
  • Steiner, George (2003) Lenguaje y silencio. Editoria Nacional. Madrid
  • Steiner, George (2001) Patria/exilio. En: Mendes- Flohr, Paul y otros (2007) Identidades judías, modernidad y globalización. Editorial Lilmod, Buenos Aires.

 

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