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5776 SHANA TOVA

5776 SHANA TOVA
 
 
 

Rosh Hashaná -

 
Con la aparición de la primera estrella de este domingo, la comunidad judía empieza a celebrar el nuevo año 5776, cuando acentúa la valoración religiosa y filosófica del vocablo «rosh», que en hebreo significa comienzo y remite a la creación del hombre.
 
El comienzo del año apunta, simbólicamente, a pensar en un hombre nuevo, transformado a partir de la introspección que debe realizarse en los llamados «Días temibles» cuando debe producirse un «balance del alma» entre Rosh Hashaná y Yom Kipur o Día del Perdón.

«En Rosh Hashaná festejamos la creación del ser humano, no del universo, porque Dios creó al mundo en siete días y fue el sexto en el que creó al hombre», recordó el rabino secular Andy Faur.

Para el rabino «lo más interesante es que se trata de una fiesta universal que celebra a la humanidad». Sin embargo, no todos los hombres lo consideraron así a lo largo de la historia.

El rabino Sinai Adler, sobreviviente de Terezín, Auschwitz y Mathausen, dejó testimonio de la perversidad del nazismo ante la religiosidad que expresaban los judíos ortodoxos o la universalidad de los laicos.

Al respecto recordó que «solía visitar con frecuencia los bloques en los que habían alojado a los jóvenes húngaros, y rezábamos juntos… yo había entablado relaciones con el comandante del campo, por lo cual podía conseguir permiso para conmemorar Rosh Hashaná… pero en esta ocasión Dios había decretado que algunos debían morir», explicó desde su verticalismo religioso que dictamina que todo está predeterminado o escrito.

El relato continúa así: «Los SS aparecieron donde estábamos rezando, y tuvieron la ocurrencia de hacer una selección allí mismo. Un médico nazi colocó un palo a una cierta altura, y a los jóvenes se les ordenó pasar debajo de él. Todo aquel que lo rozara con el borde superior de su cabeza tendría el permiso de vivir, y los que eran demasiado bajos para tocarlo serían enviados a las cámaras de gas.

Los condenados fueron reubicados en un bloque de barracas llamado Totenblock, la última parada para aquellos que iban en camino a las cámaras de gas. ¡Qué indescriptible perversidad la de hacer una selección precisamente en el primero de todos los días del año, en Rosh Hashaná, el día de la creación del hombre».

Adler explicó que la idea la habían tomado del periódico nazi Der Stürmer, editado en Nüremberg, que mencionó que en Rosh Hashaná, Dios «hace pasar a su rebaño debajo de su vara».

A pesar de acciones como estas, el psicoanalista y sobreviviente de Auschwitz Viktor Frankl explicó que «aún en un campo nazi era posible desarrollar una profunda vida espiritual. Las personas habituadas a una rica vivencia espiritual sufrieron muchísimo por su constitución física endeble, pero el daño infligido a su ser íntimo fue mucho menor porque eran capaces de abstraerse del terrible entorno y sumergirse en un mundo de libertad de espíritu».

Una de las discusiones que se mantienen hasta hoy en ciertos círculos judíos y de debate académico es «si los religiosos fueron sumisos al terror nazi y se dejaron matar como aceptando su destino», pero es imposible adoptar una posición unívoca.
 
«¿Es el hombre un ser determinado por su entorno o puede romper con él?», supo preguntarse Frankl, y agregó otro interrogante: «¿Qué cambia en el campo (de concentración) y en libertad?».

Supo responder como profesional, pero sobre todo como sobreviviente: «Las experiencias de la vida en un campo nazi demuestran que el hombre mantiene su capacidad de elección… porque puede conservar un reducto de libertad espiritual, de independencia mental, incluso en aquellos crueles estados de tensión psíquica y de indigencia física».

¿Usted recuerda alguna conmemoración en Auschwitz de Rosh Hashaná o Yom Kipur?, le pregunté a Sara Rus, víctima directa y sobreviviente de aquella maquinaria de la muerte, Madre de Plaza de Mayo - Línea Fundadora - y reconocida en 2008 con el Premio Azucena Villaflor por su militancia en Derechos Humanos producto de la desaparición de su hijo Daniel en la CNEA.

«No; en los campos de la muerte no había festejos porque no teníamos noción del paso del tiempo, no sabíamos en qué día vivíamos», aseveró Rus, quien recordó - en cambio - la salutación que para esa fecha de 1977 publicó entonces Emilio Eduardo Massera «a dos meses de haber sido secuestrado Daniel».

El almirante, con perversa ironía, se dirigió a los integrantes de la comunidad judía del siguiente modo: «A ustedes, que llevan sobre sí el peso de un dolor que viene de muy lejos; a ustedes en quienes la historia repite la resurrección tenaz de la tragedia, casi como un perverso milagro de crueldad... a ustedes que llegaron a estas tierras buscando calmar la sed y el hambre de justicia… a ustedes que le dieron a esta patria agricultura y científicos, artistas, hombres simples; a ustedes que no son ni mejores ni peores que otros».

«A ustedes en este día religioso y trascendente, los hombres de la Armada les decimos paz, sabiendo que la paz nunca es un don si no es antes un propósito del alma…», agregó.

El mismo Massera que se congratuló con los judíos de la Argentina debió indemnizar, gracias a un juicio perdido ante la justicia argentina, a Daniel Tarnopolsky por la desaparición de los cinco integrantes de su familia, monto que fue íntegramente donado a Abuelas de Plaza de Mayo.
 
¿Qué une a las personas con diferentes miradas sobre la forma de abordar su judaísmo al celebrar Rosh Hashaná y pensarse en sociedad junto al otro?
 
A su manera, y desde una observancia religiosa o laica, los que ejercen alguna forma de judaísmo detienen su mundo dos días para pensarse en sociedad desde lo individual, y en comunidad después.

También piensan sobre ese «balance del alma» que requiere de un nuevo comienzo y profundas reflexiones sobre el verdadero sentido de la existencia.

A todo ello llamará el sonido del shofar cuando, con la aparición de la primera estrella del próximo miércoles, convoque a este nuevo desafío introspectivo.

¡Shaná Tová!

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