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“Noche de los cristales rotos”

“Noche de los cristales rotos”

La inteligencia al servicio de la barbarie

 

                                                                                              Cr. Isaac Markus

 

           

            La llamada “Noche de los cristales rotos” marcó el comienzo de una etapa sangrienta en la que la nación alemana, que se había destacado notoriamente por sus brillos intelectuales, se sumió en el despliegue de odio más absoluto, poniendo su inteligencia al servicio del mal. 

 

            El odio a los judíos, que latía bajo un antisemitismo notorio pero de efectos limitados, asumió un protagonismo tal que derivó en el asesinato industrializado de todo un pueblo. Los judíos en Alemania, que a partir de la Ilustración se habían integrado plenamente a la sociedad alemana, haciendo importantes aportes en artes, ciencias, y filosofía, se encontraron con la terrible realidad de que aquella nación, que pareció abrirles todas sus puertas, los odiaba al punto de planificar su destrucción total.

 

            Por supuesto que no todo el pueblo alemán participó voluntariamente en esta masacre. Muchos de ellos se limitaron a la inacción derivada del temor ante una fuerza aterrorizadora ejercida desde el poder.  Pero muchos otros tuvieron una participación activa, incluyendo individuos de alto nivel intelectual, como es el caso del filósofo Heidegger. Como se sostiene en los estudios cabalísticos, la razón es uno de los recursos más importantes del ser humano, y es básica para obtener la sabiduría, pero no es asimilable a ella porque puede ser utilizada con fines espurios, y lo sucedido en la sociedad alemana de aquella época es un claro ejemplo en tal sentido.

 

            Hanna Arendt acuñó la expresión “la banalidad del mal”, cuando habiendo sido designada como reportera en el juicio a Eichmann, consideró que se trataba de un simple burócrata, de un hombre con pocas luces que se limitaba a cumplir con las órdenes que emanaban de la autoridad, sin analizar las connotaciones morales de lo que estaba haciendo. Se trata de un concepto muy discutible, que en cierta forma incluye una disminución de la responsabilidad de quienes participaron en el genocidio. El mal no puede nunca ser banal. Siempre es, en un sentido profundo, el triunfo de los valores del odio y del egoísmo por sobre el amor y la concordia.

 

 

           

 

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