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70 años tras el atentado del King David, Israel tiene recuerdos encontrados

70 años tras el atentado del King David, Israel tiene recuerdos encontrados

 
 

Cuando se cumplen setenta años del atentado de la milicia judía Irgún contra el Hotel King David de Jerusalén –entonces convertido en el cuartel general del Mandato Británico en Palestina-, parte de los israelíes lo condena mientras que otros creen que fue un paso necesario en el camino hacia la creación del Estado.

El ataque fue perpetrado con seis grandes vasijas de leche, que contenían 50 kilos de explosivos cada una, y que milicianos disfrazados de personal árabe introdujeron a través de la cocina y colocaron cerca de los pilares del edificio, explica la página web del movimiento armado.

Veinticinco minutos después de que los atacantes hicieran llamadas de advertencia al cuartel británico y al cercano consulado francés, los explosivos demolieron en apenas segundos los siete pisos del ala sur del emblemático edificio

Las fuerzas británicas tardaron diez días en limpiar los escombros y facilitar las cifras: 28 británicos muertos, 41 árabes, 17 judíos, dos armenios, un ruso, un griego y un egipcio.

El Irgún era entonces una organización paramilitar clandestina, encabezada por Menajem Begin -que más tarde se convertiría en primer ministro- y llevó a cabo el ataque en respuesta a la Operación Ágata (Sábado Negro) en la que las tropas británicas hicieron redadas en masa en ciudades judías y kibutz (cooperativas agrarias), deteniendo a unos 2.700 judíos.

El éxito de la operación, asegura su web, "golpeó el corazón del gobierno británico en Palestina y el gran número de víctimas tuvo repercusiones en Inglaterra y el resto del mundo".

"Decenas de personas murieron para nada. Pero todavía hay algunos que lo

 
ven como un éxito", señaló al diario Haaretz la historiadora Ruth Lamdan, cuyo padre murió en el ataque cuando tenía 35 años y ella sólo tres.

A su entender, el atentado fue uno de los actos de terror "más horribles y sin sentido que han tenido lugar aquí".

De forma muy distinta lo recuerda Sara Agasi, operativa del Irgún que hizo una de las llamadas para advertir a los británicos de que se habían colocado los explosivos.

"Se rieron y nos dijeron: estos puñeteros judíos no nos van a decir lo que hacer", recuerda al diario, y asegura no arrepentirse ni un ápice.

"Hice mi deber. Los británicos ayudaron mucho a los árabes, pero para nosotros hacían leyes. Hacían daño a los judíos", dice y asegura que el atentado "les minó totalmente" y que después de él "tenían miedo de caminar en Jerusalén".

No son pocos los que consideran que el sangriento ataque marca el principio del final del Mandato Británico de aquellos días que dos años más tarde daría lugar al establecimiento en parte de ese territorio del Estado de Israel.

Al día siguiente del ataque, el diario Haaretz lo calificó de "crimen horrible" y se preguntó si se puede construir un Estado judío "dando la espalda a los valores tradicionales y violando todos los mandamientos".

Para recordar la efeméride, el Centro Itzhak Rabin celebra un seminario en el que participarán descendientes de las víctimas.

El King David sigue siendo a día de hoy uno de los principales hoteles de la ciudad y acoge a gran parte de los dignatarios extranjeros, estrellas, empresarios y turistas adinerados que visitan Jerusalén. EFE y Aurora

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