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Rabino Sacks, debemos superar esta tormenta de enojo

Rabino Sacks, debemos superar esta tormenta de enojo
El primer ministro renuncia.  Se exhorta al líder de la oposición para que también renuncie.  Una petición para un segundo referéndum junta millones de votos.  Hay rumores de que el Reino Unido se divide.  La campaña por la sucesión de los Tories se vuelve desagradable. 
 
No es lo habitual en política.  No recuerdo nada igual en mi vida.  Pero el huracán que golpea a Gran Bretaña no nos afecta sólo a nosotros.  De una forma u otra afecta a todas las democracias occidentales, incluyendo a los Estados Unidos.  Hay un sentimiento generalizado en cuanto a que los políticos nos están fallando.  La pregunta es: ¿qué tipo de liderazgo necesitamos para que nos guie a través de la tormenta?
 
Lo que presenciamos en occidente es una nueva política de enojo.  Hay enojo por el aumento del desempleo que deja sin esperanza a regiones y generaciones enteras.  Hay enojo por el fracaso de los gobiernos para controlar la inmigración e integrar a los nuevos inmigrantes.   
 
Hay enojo con los financistas que llevaron a la economía mundial al borde del desastre, y sin embargo continúan favoreciéndose como si nada hubiera ocurrido.  Hay enojo con los CEO que utilizan a las corporaciones públicas en beneficio propio.  Hay enojo por que mientras algunos se benefician de la economía mundial en forma desproporcionada, la mayoría de las personas ven que su condición de vida se reduce o se estanca. 
 
Hay enojo ante la impotencia de los gobiernos para controlar el incremento del extremismo y el terror.  Hay un sentimiento generalizado en cuanto a que el mundo en este siglo XXI está fuera de control.  Por eso resurge la ultra derecha en Francia, Grecia, Austria, Hungría y Polonia.  Y surgen las incipientes alianzas entre la extrema izquierda y el islamismo político radical que se están formando en otros lugares.  Estas son fuerzas peligrosas: la ultra derecha busca retornar a los años dorados que nunca fueron, y la extrema izquierda busca una utopía que nunca será.  Ambos son enemigos de la libertad. 
 
Mientras, aparecen figuras como Nigel Farage y Jeremy Corbyn en Gran Bretaña, Donald Trump y Bernie Sanders en los Estados Unidos que son esencialmente políticos anti-política; populistas cuyo atractivo es canalizar el enojo generalizado de las elites.  Políticos anti-política que crean expectativas que nunca podrán cumplir.  Cuando la realidad aprieta, el enojo es más grave.  
 
Los problemas que enfrenta occidente son reales y serios y son el resultado del desplazamiento masivo de la economía mundial, la era de la información, las comunicaciones mundiales instantáneas y el traslado de la producción y los servicios a economías de bajos ingresos.  El hecho que estos problemas son mundiales y a largo plazo, mientras que nuestras mejores instituciones políticas son nacionales y están focalizadas en el futuro inmediato hace que sean más difíciles de resolver.
 
Lamentablemente la Unión Europea y las Naciones Unidas no han podido cambiar la actitud nacionalista del aquí y ahora por una de responsabilidad global a largo plazo.  La visión de W.B. Yeats se hizo realidad.  El centro ya no se sostiene.  Todo se va resquebrajando.  La anarquía campea por el mundo.
 
Pero hay algo mucho más profundo que las políticas disfuncionales de este occidente contemporáneo.  Durante los últimos cincuenta años vivimos uno de los experimentos sociales más importante de todos los tiempos, si bien nunca fue declarado.  Hemos tratado de construir un mundo sin identidad ni moral.  En su lugar optamos por dos sistemas para resolver los problemas de la vida colectiva: la economía de mercado y el estado democrático liberal.
 
La moral se externalizó al mercado.  El mercado nos da opciones; y la moral se redujo a una serie de opciones en las cuales el bien y el mal no tienen mayor significado, más allá de que satisfaga o frustre nuestros deseos.  Nos resulta muy difícil comprender porque hay cosas que queremos hacer y nos podemos dar el lujo de hacerlas, pero que no las hacemos porque no sería honorable, o leal, o sería degradante, es decir no ético.  Muchas personas que ocupan posiciones públicas de mucha confianza están convencidas que si pueden hacerlo y salir impunes, sería tonto no hacerlo.  Es así como las elites traicionan al público que se supone tienen que servir.  Cuando estas cosas suceden se destruye la confianza y la civilización comienza a decaer y a morir.
 
Mientras tanto, el estado democrático liberal eliminó la identidad nacional en favor del multiculturalismo.  Como consecuencia, la sociedad cambió de ser un hogar a ser un hotel.  En un hotel se paga, se obtiene una habitación y uno es libre de hacer lo que quiera siempre y cuando no moleste a los otros huéspedes.  Pero un hotel no es un hogar.  No genera identidad, lealtad o sentido de pertenencia.  Se suponía que el multiculturalismo iba a hacer que Europa fuese más tolerante.  Pero los efectos fueron precisamente lo contrario, derivó en la segregación y no en la integración. 
 
La economía de mercado y el estado democrático liberal son dos de los mayores logros de occidente, pero fracasarán si no tienen una identidad y una moral fuerte.  Para cambiar una crisis en una oportunidad debemos recobrar la visión central de nuestras tradiciones religiosas y cívicas: que la sociedad está formada por ideales compartidos.  Seguros de nuestra identidad,  podemos recibir e integrar a los nuevos inmigrantes.  Con un fuerte sentido moral podemos crear un comercio que fortalezca nuestras comunidades.
 
No es fácil la elección.  Si fallamos tendremos una política de enojo y decadencia.  Si tenemos éxito Gran Bretaña podrá ser nuevamente un ejemplo para el mundo.
 
El artículo fue publicado el 2 de julio, 2016 en el Daily Telegraph.

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