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Un Rabino fuera serie

Un Rabino fuera serie

 Por José Playo, La Voz de Cordoba y The Forward. 

 Una vez un niño le preguntó al Rabino Marcelo Polakoff,  ¿ Por qué los cocodrilos, que son  feos y peligrosos, viven tanto tiempo, en comparación con las mariposas, que son tan bonitas y benignas?. A lo que el Rabino respondió. No sé. Pero te puedo decir algo, un cocodrilo en mil años, no puede hacer lo que una mariposa en dos semanas.

La misma anécdota se la contó a la pequeña hija del fallecido Fiscal Alberto Nisman

Marcelo Polakoff es rabino del Centro Unión Israelita de Córdoba desde 2002. Está casado con Judith Berinstein, y tienen una hija, Iara. 

Su primer título universitario fue el de licenciado en Relaciones Internacionales, en la Universidad de Belgrano (Buenos Aires). Después obtuvo un máster en Estudios Judaicos del Jewish Theological Seminary de Nueva York y se graduó en el Senior Educators Program del Melton Center de la Universidad Hebrea de Jerusalén y del Programa de Directores “Leatid” de la Oficina Latinoamericana del Joint Distribution Committee. 

Fue profesor de Talmud y Halajá en el Instituto Superior de Formación Rabínica A. J. Heschel del Seminario Rabínico Latinoamericano Marshall T. Meyer, por más de 10 años. Preside desde agosto de 2010 la Asamblea Rabínica Latinoamericana. 

Es asesor del Inadi (Instituto Nacional de Lucha contra la Discriminación) y copresidente del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz). 

Ha publicado como coautor Dios en la era posmoderna. Cien reflexiones desde el judaísmo, el cristianismo y el islam, Ediciones El Emporio, Córdoba 2006; En el nombre del padre y del rabino, en coautoría con el sacerdote jesuita Rafael Velasco, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 2010; y Dilemas comunitarios, Ediciones Leatid, Buenos Aires 2012.

Ejerce en la Sinagoga de la Calle Alvear, en el centro de Córdoba. Trabajaba en la AMIA con anterioridad a la voladura.  Formó parte de una de las comisiones encargadas de llevar adelante acciones necesarias para el esclarecimiento y la contención de muchísimas almas. Marcelo perdió gente en ese atentado de 1994.  

Hay dos grandes grupos dentro de la comunidad judía de Córdoba, los ortodoxos  y los conservadores.   En este último grupo, para ser rabino hay que tener un título universitario,  esposa e hijos y estudiar para “recibirse”, mínimo, ocho años. El último año se cursa en Israel.  

Polakoff nació en Buenos Aires y, contra lo que indicaría el prejuicio, fue siempre a escuelas públicas.

“Yo venía de un envase no muy religioso –cuenta–, y entré en contacto con la cultura judía en la adolescencia... para buscar chicas. Iba a un colegio de varones y un amigo me invitó a una sinagoga”. Ese primer contacto le resultó poco atractivo: gente mayor con gorrito, algo muy formal, a la medida de una tradición férrea que se le antojaba lejana. “Después, con mi amigo fuimos a otra sinagoga –recuerda Marcelo–; era más moderna, más cercana. Yo tenía 13 años y ahí había un grupo de chicas de mi edad. Una de ellas terminó siendo mi esposa”.

Descubrir este otro espacio le cambió la forma de ver las cosas, y su corazón se dejó seducir por la tradición. Le empezó a tomar el gustito al estudio, a la formación con un objetivo claro: “Empecé a estudiar porque quería saber lo que sabía un rabino”, dice. Entonces pasó por varias carreras (ciencia política, sociología, relaciones internacionales) y de a poco se fue convenciendo.

Una cosa llevó a la otra y, 33 años después, el hombre usa  la misma “Kipá” que lo disuadió primero y lo conquistó después. Debajo de ese gorrito, a la altura del pecho, se comprometió hasta el hueso con sus creencias y entonces dedica buena parte de su tiempo a tejer redes con otras comunidades, con la intención de enfatizar que la cultura judía es milenaria pero no cerrada, y que ha venido conviviendo más o menos bien con otros cultos desde tiempos remotos. Al rabino parecen interesarle la apertura, el trabajo conjunto, la igualdad. Tiene ganas de que muchas cosas estén bien después de mucho tiempo de estar mal.

“Consulta al rabino”

Durante varios años, si uno ponía “consulta al rabino” en Google, el primer resultado era la web del Centro Unión Israelita, Comunidad Judía de Córdoba, donde Marcelo tenía abierta una asistencia on line para paisanos cordobeses que, tras un arduo trabajo de dedicación y esfuerzo por mantener abierta, tuvo que abandonar: “Llegaban consultas de otros países y por los temas más diversos que te puedas imaginar. Entonces nos dimos cuenta de que venían a través del buscador, que no era gente que había nacido en Córdoba. Eran extranjeros y eran tantas consultas que no se podían responder”, recuerda entre risas. Google había señalado a su consultorio como el más indicado para derivar búsquedas de consejo y paliativos para los males de los judíos en el mundo.

A esta impronta modernosa que Polakoff maneja con naturalidad sobre sus emprendimientos se le suman otras apuestas. Un canal de YouTube donde se lo puede ver frente a cámara –a veces con anteojos de cotillón de casamiento, a veces con baldes para juntar arena en una playa–, explicando de manera didáctica, a través de ejemplos gráficos, las escrituras de la Torá.

Marcelo también escribe. Y no sólo ensayos y literatura, también despunta el vicio de la composición musical. Con Pepito Cibrián escribió a finales de los ’90 una comedia musical.

Indudablemente, Polakoff se mueve con naturalidad en espacios descontracturados, donde la complicidad con el otro es más cálida y espontánea, y donde las enseñanzas y tradiciones se aggiornan y se traducen al lenguaje de los tiempos que corren.

Indudablemente, sobre la cultura judía pesa un estigma difícil de desarticular. Hay humor judío, gastronomía judía, literatura, cine y hasta una tierra propia. Ninguna de estas cosas puede ostentar el cristiano. Pero también hay cosas mucho menos felices, emparentadas con la discriminación y la crueldad. La historia de la humanidad está plagada de ejemplos, y en el currículum de casi todos los países hay un apartado que tiene que ver con estos excesos.

“Fijate hasta dónde llega esto –grafica Marcelo– que la epítome del amarrete se retrató en El mercader de Venecia , de William Shakespeare, en el que Shylock era un usurero judío. Shakespeare escribió el libro en 1500 y pico. El tipo nunca salió de la isla e Inglaterra fue el primer país que expulsó a los judíos, antes de que Shakespeare naciera. Cuando escribió el libro, habían pasado 200 años sin judíos. Y sin embargo pinta un estereotipo, inspirado entre los años 1100 y 1400, cuando se formaron los estados primigenios de la Iglesia Católica, que no tenían potestad para cobrar y delegaban el cobro en los judíos”, explica Polakoff.

  Mientras estuvo en Jerusalén, ya casi con el rabinato bajo el brazo, tuvo que decidir a qué lugar ir. Barajó básicamente dos posibilidades: el mundo o Córdoba. “Pero como nos encanta nuestro país, y además para no alejarnos de nuestras familias, nos decidimos con mi esposa por Córdoba. Al fin y al cabo, es la segunda ciudad de Argentina, y el Centro Unión Israelita de Córdoba es la comunidad judía que –tomada de manera individual– es la que más familias asociadas tiene en todo el país (en Buenos Aires hay muchas más comunidades, pero cuentan con menos familias por institución). Así que era un desafío muy interesante. Después de 12 años, ya somos cordobeses por adopción, y nuestra hija no lo puede ocultar por su tonada”.

Antes de venir, y durante tres años, fue capellán de la cárcel de Devoto. De esa experiencia, asegura, aprendió muchas cosas. Era un lugar al que iba contento; un lugar que nunca dejaba de sorprenderlo: “En la cárcel hay una ética relativa, es una ética carcelaria –explica–. Un pirata del asfalto, por ejemplo, se agarró a trompadas con otro interno que le robó a un jubilado, porque no es lo mismo robar un camión que está asegurado que robarle a un pobre viejo”.

De sus años abriendo y cerrando rejas le quedaron algunas historias: la del ladrón que un día se apareció en un acto frente al Congreso. “¿Te soltaron?, le pregunté. Me dijo que no, que lo dejaban salir para hacer unos ‘encargos’ y llevar dinero de nuevo a la cárcel”, cuenta. O la de un ladrón de bancos a quien un juez le ofreció pasaporte y avión para llevarlo fuera del país, a cambio de darle una parte del botín. O la de, o la de. Cosas que pasan.

 No existe un estudio científico que cuente cuántos rabinos son fanáticos del tango, pero es interesante pensar en el caso de Marcelo, que compuso en 2010 una “Milonga del Bicentenario”, pieza que se escuchó en el Teatro del Libertador en un festejo del Comipaz (hay un video cuyo link no quiere dar, donde se lo ve desafinando a viva voz).

El Comipaz también sintetiza el norte de Polakoff; en ese organismo copreside, junto a un representante de la Iglesia Católica y un imán del islam. Y, aunque no lo sepamos, intervienen en conflictos, aportan opiniones, y median si hay problemas de esos que hacen acariciarse los bigotes a los sociólogos. Desde ese lugar el rabino participa activamente en acciones para poner en hechos concretos la buena fortuna de la comunión entre las distintas religiones, el sentido ético y estético de respetar a todos y no embromar a nadie.

En enero de 2015, el rabino Marcelo Polakoff estaba  en Buenos Aires cuando sonó su teléfono. Había estado planeando un viaje a Nueva York, pero una tormenta había cancelado todos los vuelos, y Polakoff, el rabino de Córdoba, una provincia en el centro de Argentina, estaba varado en la capital de Argentina.  

Una mujer  lo llamó. Ella se presentó diciendo que lo recordaba de una boda que había celebrado y le preguntó si podía ayudar a su familia en Buenos Aires.

La mujer era una prima de Alberto Nisman, el fiscal federal argentino que fue encontrado muerto el año pasado, pocos días después de acusar la entonces presidente Cristina Fernández de Kirchner de encubrir el papel de Irán en el atentado contra la AMIA.
 
 Polakoff no sabía todavía lo que le había pasado a Nisman.

Nisman tenía 51 años a su muerte. Dejó tras de sí un formidable tribu de mujeres: su madre, Sara Garfunkel; su tia, la psicóloga Lidia Garfunkel; una hermana, Sandra Nisman; y su ex esposa, Sandra Arroyo Salgado, la madre de sus hijas Iara, que tenía 15 años en el momento de la muerte de su padre, y Kala que hoy tiene 9.

 En Buenos Aires era verano y muchos se hallaban de vacaciones.
 De hecho, la mitad de la familia Nisman estaba fuera de la ciudad.  A Polakoff se le pidió que acompañara a la madre de Nisman a identificar su cuerpo.
  La ley argentina establece que un cuerpo debe ser identificado formalmente antes del entierro. En el día de su muerte, Sara Garfunkel había sido llevada por los agentes de policía al apartamento de Nisman, donde fue la primera en ver su cuerpo sin vida extendido sobre el suelo del baño en un charco de sangre.

Diez días más tarde, se la llevó a ver el cuerpo, nuevamente a la morgue de la ciudad.

"No se pueden imaginar", dijo  Polakoff, de 49 años, al presidente de

Asamblea Rabínica Latinoamericana. "Sandra [hermana de Nisman] decidió no entrar, y Sara me pidió que la acompañara. Por supuesto, era un pedido muy difícil de cumplir, pero para eso estamos los rabinos.

 La magnitud de un evento como este se puede perder, dijo Polakoff, que no había contado su historia antes de hablar con JTA.

 "Durante este año he tratado de no perder el enfoque y de  acompañar a la familia. Es paradójico que no me conocí  a Alberto Nisman.

Polakoff también sirvió como shomer, o tutor, del cuerpo de Nisman en la funeraria en las horas previas a una llamada pública - una costumbre de la comunidad judía argentina distinta de la de Shiva.


"Yo estaba allí a solas con el ataúd durante unas horas -. "Las calles estaban bloqueadas, había barreras arriba, guardias, francotiradores, helicópteros, perros de ataque, vehículos anti-terroristas.


"Más tarde, cuando la gente empezó a arribar había una camarera, no judía, que trabajaba allí que me había visto desde que me metí a escondidas, que se acercó a mí llorando ríos de lágrimas. Ella me agarró del brazo y me dijo: "Rabino, estoy indignada. Me siento desesperada. ¿Has visto el despliegue por ahí, incluso francotiradores en el techo? "Si el fiscal había tenido este tipo de seguridad hace dos semanas, no estaríamos aquí hoy." Sollozando. "


Durante años, Nisman había recibido amenazas a su vida y a su familia. Sus amigos a este día no están seguros de si él estaba plenamente consciente de que estaba poniendo en peligro su vida investigando el papel de Irán en el atentado contra el centro comunitario AMIA o en acusar a Kirchner de encubrimiento.


Nisman estaba protegido  por la Policía Federal Argentina. El 18 de enero de 2015, por razones desconocidas, se negaron a romper la puerta pese a que no contestaba el  teléfono.

Ahora su familia está protegida por agentes de la misma fuerza de seguridad.
"Es un gobierno diferente dicen los " amigos de la familia  sin mucha  convicción.

El 29 de enero de 2015, el lento viaje del coche fúnebre hasta el cementerio judío de La Tablada fue interrumpida por la gente que salta en el medio de la calle gritando "Nisman!" O "Argentina". Otros arrojaron flores sobre el coche.

"En un momento dado, mientras estaba montando en el coche fúnebre hacia el entierro, alguien saltó y besó el coche, y fue entonces que tomé conciencia", dijo Polakoff. "Fue increíble, increíble".

Kala leyó  una carta a su padre que terminaba diciendo "Adiós papá, te veré cuando me muera."

En enero de este año, Mauricio Macri, el presidente electo de Argentina, invitó a las dos niñas Nisman a su casa para marcar el aniversario de la muerte de su padre. Su madre estaba en el extranjero, por lo que fueron con Polakoff.

" Estuvieron con Antonia, la hija de Macri de 4 años de edad, recordó el rabino. "Leí el Salmo 23 y 'El Maleh Rajamim' y explicó lo que significaba para el presidente".

La oficina del presidente twitteó una imagen de la reunión que se hizo viral junto con el mensaje de que Macri prometiendo a las hijas de Nisman que "se hará justicia."

El mes pasado, un tribunal de Buenos Aires resolvió que la investigación sobre la muerte de Nisman debía ser manejado por un tribunal federal, bajo el supuesto de que "la muerte de Natalio Alberto Nisman también podría ser el resultado de la acción de un tercero."

A pesar de las trágicas circunstancias y Polakoff dijo que no intenta ver lo acontecido  como algo más que la pérdida de una familia en particular.

"Cuando la muerte llega de repente, es violenta y tiene importancia nacional e internacional, que deberían ser indistinguibles" de cualquier otra, desde el punto de vista de un rabino, dijo.

"Debido a que la persona que ha perdido a un ser querido demasiado pronto y violentamente, no importa qué otra trascendencia del evento puede tener ... es lo mismo para mí el que es la persona que murió."

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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