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Fe en el islam y fe en las mujeres y su a dialéctica social

Fe en el islam y fe en las mujeres y su a dialéctica social

La gran batalla del siglo XXI es entre el creciente extremismo violento, que nos remonta a una edad de barbarie, y la promesa de los derechos humanos universales, que proclama una era de pluralismo y prosperidad compartida. Los derechos y las libertades de las mujeres son centrales en las luchas actuales. Las guerras causadas por grupos extremistas en Irak, Siria, Somalia, Nigeria, Malí y otros lugares están siendo libradas sobre los cuerpos de mujeres y niñas que son objeto de abusos sistemáticos y horrendos. Aún peor, los cuerpos de mujeres y niñas son en gran medida tratados como un terreno en disputa por los hombres.

Por ejemplo, la ofensiva del Estado Islámico (EI) de agosto de 2014 en el monte Sinjar fue considerada tanto una conquista sexual para esclavizar a las mujeres como un avance territorial. De forma parecida, Boko Haram ha secuestrado a niñas llevándoselas de las escuelas en el noreste de Nigeria, en una campaña de reclusión y embarazos forzosos. Como musulmana, me resulta profundamente perturbador que estas atrocidades se cometan –y se perciba que son cometidas– en el nombre del islam, una religión que literalmente significa “paz”.

Para los grupos extremistas como el EI y Boko Haram los cuerpos de las mujeres son recipientes destinados a producir una nueva generación que crezca a su imagen, según la ideología radical. Es por esto que hemos visto fotografías impactantes de niños envueltos en la bandera negra del EI, durmiendo profundamente al lado de pistolas y granadas. También explica por qué el EI ha creado “agencias de matrimonio” en áreas bajo su control para animar a las mujeres a casarse con guerrilleros y cuidar a sus familias. Según la guía del EI para jóvenes madres, titulado El papel de las hermanas en la yihad, las técnicas para educar a los niños, los denominados “cachorros del califato”, deberían incluir jugar con armas de juguete y contar historias para dormir con mensajes sobre el martirio y la yihad.

Para poblar el autoproclamado califato del EI con creyentes “puros”, y proyectarlo más hacia el futuro, mujeres y niñas han sido secuestradas, esclavizadas, privadas de educación, violadas, casadas en contra su voluntad, han sido objeto de comercio, convertidas forzosamente al islam, embarazadas a la fuerza y, en ocasiones, obligadas a abortar.

El control sobre la sexualidad de las mujeres y su reproducción forma parte integral de las aspiraciones del EI y sus afiliados para construir una nación.

En este sentido, el EI se parece más a los movimientos fascistas que surgieron antes y durante la Segunda Guerra mundial que a las insurgencias de pequeña escala que han ascendido y caído desde entonces. Mientras la comunidad internacional primeramente consideró esta amenaza en términos militares, el EI se ve a sí mismo como algo más que una insurgencia terrorista. Se considera el constructor de una nación idílica para los seguidores de su rama autoritaria del islam, cuyos números superan los 40.000 en la actualidad. En su búsqueda decidida de una teocracia fascista, el EI se opone a la diversidad y a los derechos humanos en general, y la igualdad de género en particular.

 

El control sobre la sexualidad de las mujeres y su reproducción forma parte integral de las aspiraciones del EI

 

 

Un factor común que presagia el auge de los movimientos autoritarios y extremistas es su asalto a los derechos y las libertades de las mujeres. Esto a menudo incluye la imposición estricta de códigos de vestimenta tradicionales y la segregación por género, así como el uso del cuerpo de las mujeres como tierra de cultivo para las próximas generaciones de luchadores. El nazismo contaba con agencias dedicadas tanto a las mujeres como a la eugenesia, incluyendo la esterilización de aquellas consideradas “no aptas”. La maternidad se elogiaba como el único propósito para la existencia de las mujeres. Hoy la utilización de las mujeres como armas biológicas para el cambio de la demografía en la región es parte de la campaña genocida del EI contra las minorías étnicas y religiosas. Por ello, atacan los lazos familiares que unen a yazidíes, cristianos y comunidades chiíes turcas. El objetivo es forjar nuevas familias.

Los pavorosos paralelismos históricos con el fascismo subrayan que la guerra actual contra el extremismo no es una guerra contra el islam o el mundo musulmán, sino contra la tiranía y la intolerancia. Revelar la verdadera agenda autoritaria de los líderes del EI los priva del manto de legitimidad religiosa que ansían.

En abril de 2015 visité Oriente Próximo y pude comprobar cómo las mujeres son las primeras y más afectadas por el largo conflicto y el desplazamiento derivado. Los civiles desplazados, la mayoría de los cuales son mujeres y niños que dejan sus hogares por temor a perder la vida, permanecen en situación de alto riesgo incluso cuando encuentran refugio en los Estados vecinos. Visité los campos de refugiados y los asentamientos urbanos en Turquía, Jordania y Líbano, que en conjunto alojan a casi cuatro millones de sirios, ejerciendo gran presión a los sistemas políticos de esos países así como a sus infraestructuras básicas. Mi visita confirmó tanto la alarmante tendencia a la violencia sexual empleada como táctica de guerra y terror en la región como el riesgo real de explotación sexual y trata de personas por parte de elementos criminales en lugares de supuesto refugio.

Es importante reconocer que la mayoría de estos refugiados salieron de Siria a consecuencia del agravamiento de la guerra civil, incluso antes de que el EI asumiera el control de un tercio del país. Este conflicto ha creado un caos que ha conducido al auge del extremismo y a la ley de las armas. Cada día que pasa sin una solución pacífica al conflicto de Siria es otro día que las mujeres y las niñas están expuestas a una brutalidad devastadora.

Además de forzar a los civiles a abandonar áreas estratégicas y aterrorizar a la población que permanece sometida, la violencia sexual sirve para potenciar algunos de los imperativos tácticos del EI. Así, para alentar el alistamiento, apelan a los jóvenes solteros, a los hombres económicamente marginados que buscan alcanzar estatus, poder y acceso sexual difícil de conseguir en estas sociedades conservadoras. Algunos hombres se unen a la causa por un sentido de castración derivado del desempleo y del temor a valores occidentales como el empoderamiento de las mujeres. El conflicto es una licencia para reafirmar modelos obsoletos de masculinidad.

La violencia sexual es también parte de la economía política de la crisis. Se utiliza para generar ingresos mediante la trata de mujeres y niñas que son abiertamente vendidas e intercambiadas en mercados de esclavos en el bastión del EI en Raqa, a veces por unos pocos miles de dinares, a veces por un paquete de cigarrillos. De esta manera, las mujeres se han convertido en parte de la moneda que utiliza el EI para consolidar su poder. Han sido monetizadas como “botín de guerra” –reclamadas, tasadas e intercambiadas para ganar dinero– de forma similar a las antigüedades saqueadas en la región.

 (...) Rev P. Exterior

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