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Ingenuidades del doble atentado yihadista en Bruselas

Ingenuidades del  doble atentado yihadista en Bruselas

El precio de la negligencia

Pol- Exterior-españa

El doble atentado yihadista en Bruselas (contra el aeropuerto de Zaventem y el área de Schuman, donde se sitúan las instituciones comunitarias, matando a 32 personas e hiriendo a 200) ha sacado a la luz una cadena de errores y negligencias en el ámbito de la seguridad. El primer ministro, Charles Michel, ha sido objeto de críticas y no ha querido aceptar las dimisiones de los titulares de Interior, Jan Jambon, y justicia, Koen Geens. El propio Michel ha admitido que el gobierno tenía evidencias de que se estaba gestando  un ataque terrorista.

La fiscalía también ha reconocido que uno de los suicidas, Ibrahim el Barkaoui, fue puesto en libertad pese a haber sido deportado por Turquía debido a sus vínculos con el Estado Islámico/Daesh. Por su parte, el ministro holandés de Justicia, Ard van der Steur, ha revelado que el FBI le informó el 16 de marzo de los antecedentes extremistas y criminales de Ibrahim y su hermano, Jaled, y que se le hizo llegar esa información a Bruselas. Según fuentes griegas, Atenas también advirtió a Bélgica en enero de 2015 de haber encontrado planos del aeropuerto de Zaventem en el apartamento ateniense del belga Abdelhamid Abaaoud, el cerebro de los atentados del 13-N en París. Pero el error de seguridad más flagrante tuvo lugar cuando tras detener al artífice huido de los atentados del 13-N, Salah Abdeslam, la policía federal no puso a sus fuerzas en el nivel máximo de alerta, pese a que encontró en su escondite en la capital belga una ingente cantidad de explosivos y armas automáticas, lo que mostraba la existencia de una única célula operativa que actuaba entre Francia y Bélgica.

Otro nexo entre los atentados de París y Bruselas es que en ambos los yihadistas utilizaron el misno explosivo –TATP (triperóxido de triacetona)– y fusiles de asalto AK-47. Hasta los atentados de Londres en 2005, los ataques se realizaban sobre todo con bombas, pero a medida que aumentaron las restricciones a la compra de productos para fabricar explosivos, los terroristas empezaron a utilizar armas automáticas –siguiendo el modelo del ataque de Mumbai (India) en 2008– que pueden disparar cientos de balas en pocos minutos.

Francia y Bélgica tienen por delante la tarea de desenredar toda esa maraña de datos y evidencias. Desde el 13-N, agentes franceses trabajan en territorio belga para coordinar las operaciones con su policía. Bélgica ha anunciado que enviará cazabombarderos para atacar objetivos del Daesh en Siria e Irak.

No es extraño, por otro lado, que Bélgica sea el país de la UE donde el yihadismo ha establecido su principal base de operaciones. De ningún otro país comunitario han surgido tantos combatientes extranjeros en Siria en proporción a su población y al tamaño de sus comunidades musulmanas: 562 hasta febrero de 2016, de los que una cuarta parte habrían retornado ya al país. En marzo de 2015 las prisiones belgas albergaban a 61 acusados por actividades terroristas, una cifra cinco veces mayor a la de 2014. En el barrio bruselense de Molenbeek fue detenido el miembro que el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM) introdujo en la trama de los atentados del 11-M en Madrid. Los ataques en suelo propio forzarán a Bélgica a abandonar la laxitud con la que trataba la amenaza del terrorismo y de sus redes de apoyo, como hizo durante décadas con la militancia de ETA.

 

Una agenda antiterrorista integral

Ahora Michel parece decidido a sacar adelante una reforma legislativa para detener y procesar a los retornados de los campos de batalla sirios. Sin embargo, no está claro que las cárceles, convertidas en un vivero de proselitismo y radicalización, sean la opción más efectiva para combatir el yihadismo. Bélgica va a tener que poner en marcha una reforma integral del sistema penitenciario, en una línea similar a la seguida por Francia, aumentando y especializando a sus funcionarios de prisiones, reclutando a imanes moderados que prediquen contra el uso de la violencia y recurriendo al régimen de aislamiento en los casos de los extremistas más peligrosos.

Necesitará además promover políticas de creación de empleo para los jóvenes musulmanes, que tienen una tasa de desempleo de casi el 40%, lo que duplica la media de paro juvenil y cuadruplica la general. Bélgica –y la UE– tendrán también que aumentar los recursos destinados a inteligencia y seguridad interior y actualizar su legislación en el ámbito del control de las telecomunicaciones, del uso intensivo de sistemas de videovigilancia, del acceso a los registros de los pasajeros de líneas aéreas y del flujo de información a través de la red de intercambio seguro entre las policías europeas (Siena).

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