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El decreto de la infamia en España: 31 de Marzo de 1492

El decreto de la infamia en España: 31 de Marzo de 1492

Por la Esc Esther Mostovich de Cukierman

 

Del CCIU






¿Desde cuándo hubo judíos en España?

Según la tradición, desde los tiempos bíblicos. El profeta Ovadia1 habla de los hebreos en Tzarfat y Sefarad, con ubicación posible en las actuales Francia y España. La tradición dice que se asentaron hebreos en España a partir de la caída del Primer Templo de Jerusalem, en el siglo VI a.e.c. Tal vez eso sea posible, pero si buscamos alguna prueba, las tumbas hebreas más antiguas que hasta ahora se ha encontrado en España se remontan al siglo II e.c.2 Se conoce a los hebreos de la península ibérica el nombre de sefaraditas.

En el año 711 e.c., los musulmanes entraron a Europa por el estrecho de Gibraltar, en poco tiempo se adueñaron del Sur de España, y redujeron a cristianos y judíos a la categoría de “dhimis”, infieles, que según el Corán, deben ser humillados y pagar tributo con sus manos. Once años después de la conquista musulmana, los reinos cristianos empezaron las batallas de Reconquista. Siete siglos de guerras de Reconquista fueron los que según la historiadora Marta Canessa de Sanguinetti3 afirmaron en los católicos su intolerancia hacia las minorías de otras religiones que habitaban España.

Las conversiones forzosas en España.

No fueron en su inicio decretos reales sino motines populares azuzados por dos clérigos, Ferrand Martínez y Vicente Ferrer, los que en 1391 desataron una espantosa ola de matanzas y saqueos en las comunidades judías de Cataluña y el Norte de España.4 La única forma en que los hebreos pudieron salvar su vida fue aceptando la conversión al catolicismo que les imponían por la fuerza. El Papa condenó estas conversiones forzadas, pero declaró que una vez bautizado, el cristiano no podía volverse atrás. Quien lo hiciera, cometía delito de herejía. Muchos hebreos conversos en estas condiciones   huyeron de la península ibérica a partir de 1391, a lugares donde nadie los conociera, especialmente a Portugal. Otros deambularon por Italia y el Norte del Mediterráneo, o buscaron llegar al imperio otomano (que en ese entonces incluía los Balcanes, Egipto, Turquía y la Tierra de Israel.) Pero la mayoría de los nuevos conversos se quedaron en España, y así fue que estos “cristianos nuevos” empezaron a ser el nuevo problema español.

A los nuevos conversos se los llamó en hebreo “anusim” (forzados). El pueblo los llamó “marranos”, palabra que puede tener varios orígenes, lo que importa es que todos señalan a esos cristianos nuevos como malos cristianos, de ellos se podía sospechar que simulaban un cristianismo que no profesaban. En la práctica, una vez adquirida su condición de católicos, en España pudieron ingresar a todas las profesiones que como judíos, tenían vedadas: la abogacía, el ejército, las Universidades, las jerarquías en la Iglesia Católica… y también emparentaron con las familias cristianas viejas, aún las más nobles.

Una bella judía conversa, Leonor de Guzmán, apodada la Fermosa, fue amante y consejera del rey Alfonso XI de Castilla, con él tuvo diez hijos, uno de ellos fue Enrique II de Castilla, señor de Trastámara, de quien descienden las casas reales de Castilla y Aragón. Isabel y Fernando tenían por parte de padre, esa misma tatarabuela de sangre judía. Fernando tenía , además, linaje judío más cercano por parte de su madre, doña Juana Enríquez, cristiana nueva ,nieta por parte materna, de Paloma bat Guedalia, cuyos descendientes emparentaron y llevaron su sangre a las familias más importantes de la nobleza española. El historiador Salvador de Madariaga cuenta que el rey don Fernando, siendo príncipe de Aragón, era tan pobre que no podía costearse ni el viaje desde Aragón a Castilla, para conocer a doña Isabel. Lo cierto es que quienes le proporcionaron caballos, escolta y vestimentas, y aún pagaron el collar de oro que fue el presente de bodas de Fernando, fueron “cristianos nuevos”, allegados a la corte. Pero el rey no les guardó por esa ayuda, fidelidad alguna. ¿Quizás porque la sola presencia de los judíos recordaba al Rey su pobreza de antaño? ¿Tal vez porque el criterio de fidelidad de un príncipe es distinto del de sus vasallos?5

Los reyes Fernando e Isabel pusieron todas sus energías y el dinero que pudieron conseguir para lograr un país monolítico y católico. Expulsaron de sus tierras o quemaron en la hoguera a todos los que no pensaran igual y quisieran lo mismo. Creyeron sinceramente que así conseguirían la gloria y prosperidad para España; si se equivocaron o no, depende del punto de vista. Según los indios americanos y el movimiento indigenista, la conquista cubrió a España de vergüenza… pero para otros llenó a España de gloria, aunque no, de prosperidad económica. Bien se ha dicho que en la conquista de América, “España tenía la vaca, pero eran otros quienes bebían la leche”. Los millones de kilos de plata, oro y mercurio que salieron de América, pasaron rápidamente a manos de los países que producían todo lo que España dejó de producir cuando expulsó a quienes hacían el trabajo manual: moros y judíos.6

La suerte estaba echada para los infelices conversos. Los judíos los miraban con desprecio, los cristianos con suspicacia, los clérigos incitaban al pueblo en contra de ellos en sus sermones. A mediados del siglo XV se instaló la Inquisición en Sevilla, bajo autoridad del Papa, que buscaba y perseguía a los “malos cristianos”. El clero pedía para ellos las hogueras de la Inquisición, los reyes Fernando e Isabel sólo la aceptaron en 1478, después de asegurarse que las confiscaciones de bienes de los cristianos renegados no pasaría a control del Papa sino a la corona real de Castilla y Aragón. Mientras los reyes estuvieron en guerra contra los moros, se apoyaron en la ayuda de la minoría judía, una vez que pudieron expulsar a los moros de Granada en enero de 1492, ya prepararon su plan para hacer de España “un solo pueblo, una sola Fe”.

El 31 de marzo de 1492 Fernando e Isabel dictaron el edicto de expulsión de todos los judíos y moros de sus territorios dándoles plazo hasta el 31 de julio del mismo año para abandonar España o convertirse al catolicismo. Unos trescientos mil hebreos, (o más, según la fuente consultada), abandonaron la tierra en que sus antepasados se habían refugiado hacía más de mil años.

¿Qué pasó con los judíos sefaraditas a partir de 1492? Muchos se quedaron como cristianos nuevos en España, otros se fueron del país, abandonando sus casas y todo lo que tenían, porque no se les permitió llevarse nada de valor. En esos tiempos de exilio obligado, una casa se cambiaba por un asno o unos metros de tela… sin embargo, esos hebreos no guardaron rencor a la tierra que los expulsaba. Al contrario, mantuvieron por siglos y hasta ahora, el amor a España a la que cantan “tierra querida, tierra de consolación” y el idioma castellano que hablaban en España como su idioma propio7 y aún, guardaron por generaciones, la llave de la casa que tuvieron que dejar cuando los expulsaron de España.

Muchos países de Europa habían precedido a España en la expulsión de judíos de sus territorios. (Alemania, desde la Peste Negra del siglo XI, Inglaterra desde 1290, Francia desde 1306, Hungría desde 1349, Austria desde 1421)8. ¿Adónde podían ir los exiliados? ¿Qué lugares quedaban? Portugal, Holanda, algunas ciudades de Italia, el Imperio Otomano, (que en ese entonces incluía los Balcanes, Egipto, Turquía y la Tierra de Israel). Algunos judíos sefaraditas lograron atravesar media Europa para asentarse en Polonia donde se mezclaron e integraron con los judíos ashkenazíes9 que residían allí. La mayoría, fue caminando a Portugal, donde el rey Don Manuel había prometido a los judíos que los dejaría vivir en paz a cambio del dinero que cada uno tuvo que pagar para entrar al país. El rey recibió el dinero, pero no cumplió su promesa, eso tendría trágicas consecuencias para los judíos de Portugal, pero es otro tema.

Cristianos nuevos existieron en España a partir de las conversiones forzosas de 1391. Las conversiones de los judíos sefaraditas continuaron a lo largo de un siglo, hasta el edicto de expulsión 1492.  Cuando Colón se lanzó a cruzar el océano, ya habían nacido en España varias generaciones descendientes de cristianos nuevos. ¿Qué lugar del mundo les ofrecía refugio de la Inquisición? No es difícil comprender que en 1492 acompañaran a Colón y más tarde trataran, por cualquier medio, de llegar al Nuevo Mundo. Ese es otro tema, que abre un panorama poco conocido: las raíces judías sefaraditas de la población criolla americana.

Esther Mostovich de Cukierman

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