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Ana Jerozolimski le responde a Susana Mangana.

Ana Jerozolimski le responde a Susana Mangana.

SOBRE LAS CULPAS DE LOS PLATOS ROTOS

30.Jun.2017

Montevideo com.


Hace pocos días leímos en este portal una muy interesante entrevista que nuestro colega Gerardo Tagliaferro realizó a Susana Mangana, muy conocida en Uruguay como experta en Islam y Mundo árabe, titulada "Las mil y una brechas". Sin duda vale la pena leerla y la recomendamos.


Al mismo tiempo, sentimos la necesidad de hacer algunas aclaraciones sobre ciertos puntos en los que a nuestro criterio, Susana se equivoca o llega a determinadas conclusiones que no parecen tener en cuenta ciertos hechos que nos resulta clave recordar. Hoy nos referiremos al tema israelo palestino y en nuestra próxima nota, a la situación en el mundo árabe y musulmán. 
* A la pregunta "¿por qué el conflicto entre Israel y Palestina es tan importante para el resto de la región?", Susana responde: 


"Porque es una herida abierta en los países árabes que se implicaron en guerras para defender la causa palestina y fueron todas un estrepitoso fracaso para ellos".
Bueno...la verdad es que es difícil saber por dónde empezar. 


- Los países árabes no se implicaron en guerras para defender la causa palestina sino que se lanzaron a la guerra contra Israel en 1948 para impedir la creación del Estado judío aún sabiendo que con ello estaban impidiendo la creación del Estado árabe, que hoy se llamaría palestino. Fue esa posición extremista de "todo o nada", la culpable de gran parte de lo que sufrieron desde entonces los palestinos cuya "causa" no existía en ese momento. Su objetivo nunca había sido construir un Estado propio y la única causa que el mundo árabe abrazó, fue la de hacer imposible la fundación del hogar nacional judío.


Es que en aquel momento, cuando se estaba por declarar la independencia de Israel que los árabes querían impedir ¿cuál era la causa palestina? Nadie hablaba de Estado independiente ni había hablado jamás. Los territorios que Israel conquistó en 1967 y en parte de los cuales los palestinos quieren construir su Estado independiente, no estaban en manos de Israel sino de los árabes cuando iniciaron su primera guerra contra Israel: Cisjordania en manos de Jordania y la Franja de Gaza en manos de Egipto. Israel no ocupaba nada e inclusive había aceptado que Jerusalem sea un "corpus separatum" bajo régimen internacional, con tal de que se implemente aquella resolución de la ONU. O sea que la causa palestina no era liberar nada de ocupación israelí, sino garantizar que Israel no exista.


Los palestinos fueron en parte víctimas de sus "hermanos" pero también responsables de la situación. No los civiles, que suelen ser siempre las víctimas más terribles de las guerras, pero sí su liderazgo, que en la persona del Mufti de Jerusalem Hajj Amin el-Husseini, no sólo apoyó la guerra sino que azuzó constantemente a los disturbios y la violencia contra los judíos. No era de sorprender tratándose de una figura que apoyaba plenamente a Hitler.


Esa guerra que los árabes lanzaron apenas terminó el Mandato Británico en Palestina el 14 de mayo de 1948 , y que el liderazgo árabe palestino local ya había iniciado antes atacando a la población civil judía, fue un rechazo explícito y rotundo a la resolución 181 del 29 de noviembre de 1947, con la que la Asamblea General de las Naciones Unidas, por 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones, había recomendado "la creación de un Estado judío y un Estado árabe". El liderazgo sionista de entonces aceptó la resolución , los judíos salieron a bailar por las calles tanto de Jerusalem y Tel Aviv como de Montevideo-en expresión de alegría y en el caso uruguayo, como agradecimiento al gobierno del Presidente Luis Batlle Berres que dio un apoyo clave en la ONU-pero apenas se fue el último soldado inglés, cinco ejércitos árabes invadieron el territorio del recién declarado Estado de Israel.


Claro que hay heridas abiertas y que los árabes fracasaron. Por suerte. Porque el éxito en sus designios de entonces, habría significado la eliminación de Israel. Decían explícitamente que su intención era impedir que nazca ese Estado. Y aunque lejos estamos de ser quienes creen que en un conflicto de tantos años, las cosas pueden resumirse en términos simplistas de "nosotros somos buenos y ellos son malos", no tenemos duda de que este conflicto no habría nacido de no ser por aquella posición de rechazo absoluto del mundo árabe al naciente Israel.

Susana agrega: "Entonces sienten que fue una expropiación que se robó la tierra palestina y que no es justo que los palestinos paguen los platos rotos del Holocausto".
La creación de Israel no fue expropiación de ninguna tierra palestina porque nunca en la historia existió un Estado palestino. Cuando se creó Israel, no fue sobre las ruinas de un estado palestino que los judíos destruyeron para fundar el suyo, aunque eso es lo que pretenden dar a entender siempre los palestinos, sino sobre parte de la tierra que durante siglos se había llamado Judea (o sea tierra de los judíos). 


Nadie te puede robar lo que no tienes. Y nunca hubo un Estado palestino independiente. En realidad, podría haber nacido aquel 14 de mayo de 1948, el mismo día que nació Israel, de no ser por la guerra lanzada por los árabes.


Hay que reconocer que los árabes han sido muy hábiles en el manejo de la semántica. Se apropiaron del término Palestina (que aparece evidentemente en la propia resolución 181 ya mencionada, sobre la partición de Palestina), haciendo creer al mundo que todo ese territorio era de ellos, de los árabes que allí vivían, y que cuando nació Israel, de hecho les robaron gran parte de lo que antes era suyo.


Pero esa es una tergiversación de la historia. 
Lo que durante siglos se había llamado "Judea"-también en los tiempos de Jesús- pasó a llamarse, por decisión del imperio Romano, "Palestina", pero no por los árabes palestinos que ni siquiera existían en aquel momento sino por el antiguo pueblo del mar , los filisteos. Con el cambio de nombre, tratando de borrar "Judea" del léxico común, los romanos pretendían castigar a los judíos por su rebelión contra Roma. 


Muchos siglos después comenzaron a llegar árabes a la tierra de la que hablamos, cuando la creación del Islam y el deseo de propagarlo, llevó a intensos movimientos desde la península arábiga. Y en Palestina vivieron tanto judíos como árabes. El término "palestino" se refería a todo habitante de esa tierra. Cuando se libraba la lucha diplomática por la creación de Israel, en Uruguay funcionaba un Comité pro Palestina judía. O sea, en favor de la independencia judía en Palestina, la tierra ancestral del pueblo judío. Al crearse el Estado de Israel, los judíos adoptaron por cierto ese nombre bíblico y los ciudadanos del nuevo estado pasaron a ser israelíes. Antes, eran judíos de Palestina, así como había árabes de Palestina.
La Palestina histórica, nunca fue un Estado árabe palestino. Nosotros personalmente, quisiéramos ver la creación de un Estado palestino independiente que viva en paz con Israel. Y también Israel tiene cosas que corregir para que ello sea posible (también, no sólo).Pero tergiversar la historia, no aporta.

¿Y el Holocausto? ¿Que los palestinos pagan los platos rotos del Holocausto?
La "lógica" que pretenden trazar todos aquellos que conectan entre el sufrimiento judío durante el Holocausto y el sufrimiento palestino hoy, parte de la equivocada concepción a la que ya antes nos referimos, de que la creación de Israel se creó sobre tierras robadas a un estado palestino. Y como suele alegarse que Israel se creó debido al Holocausto, las piezas supuestamente combinan en la cabeza de quienes usan ese argumento. 
Pero es un error.


Israel no se creó debido al Holocausto, sino a pesar de él. Numerosos judíos que pensaban mudarse a la tierra de Israel e instalarse allí , sabiendo que en el horizonte estaba la creación de un hogar nacional judío cuando terminara el Mandato Británico, fueron asesinados por los nazis. A pesar de ello, se logró crear el Estado.


Cierto sí que las visitas a los campamentos de sobrevivientes de la barbarie nazi, concientizaron a figuras internacionales (entre ellos el propio embajador uruguayo Dr. Enrique Rodríguez Fabregat, aunque él lo sabía ya desde antes), sobre la importancia de que haya un hogar nacional judío. Pero la búsqueda de dicho Estado no comenzó por la Shoá. 


Israel es mucho más que un refugio para judíos perseguidos. Es la expresión moderna de soberanía nacional judía que había existido ya siglos atrás y fue interrumpida por invasiones foráneas que exilaron y pretendieron infructuosamente cortar el vínculo entre el pueblo judío y la tierra de sus antepasados.

De todos modos, los platos rotos del Holocausto no los paga nadie, porque es imposible que algo pague realmente por seis millones de judíos asesinados. Los platos rotos que los palestinos pagan son los de los errores del mundo árabe y del propio liderazgo palestino, que durante décadas optó por el todo o nada. Claro que en el interín se crearon nuevas situaciones, que Israel conquistó Cisjordania y construyó allí asentamientos ubicados donde los palestinos quisieran tener su Estado independiente. Claro que hay complicaciones en el camino puestas también por el lado israelí. Pero también eso se podría haber solucionado en alguna de las numerosas propuestas presentadas tanto a Yasser Arafat como a Mahmud Abbas, destinadas a una fórmula negociada que incluya concesiones de ambas partes. Lamentablemente, absolutamente todas fueron rechazadas.


En realidad, los platos rotos de esta situación los pagan tanto israelíes como palestinos, aún enfrascados en un conflicto que el 14 de mayo de 1948 podría no haber empezado, de no ser por aquella guerra maldita.

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